INTERFERENCIAS
El comité
SI MIRAS un anuncio en donde el comité de empresa te invita a consumir el producto que les da de comer, la reacción lógica es la de inmediata simpatía por parte del ciudadano común. O sea que estás en el súper, ves la botella y quizá te la compres. Y si no lo haces porque el brandy no es lo tuyo, la mirarás con cierta simpatía porque te acordarás de ese variopinto grupo de hombres y mujeres que salen en el spot de Garvey invitando a que consumas lo que fabrican. Una forma de publicidad que se da de narices con la vanguardia, pero que justamente por eso, sorprende. A veces, los creativos se obsesionan tanto con ir más allá, que acaban olvidando que el consumidor tiene alma... ¿Recuerdan al empresario del "busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo"? Saltó a la fama por cargarse buena parte de los complejos códigos que manejada la publicidad de los ochenta, la del diseño puro y duro, la sofisticación que anulaba al producto anunciado. Aquel fulano convulsionó al sector y abrió una brecha en el estilo publicitario. TVG sacaba de vez en cuando a un matrimonio anunciando su mueblería, pero tenía algo de cutrillo. Ahora los de Garvey irrumpen con el comité de empresa porque saben lo valioso de un puesto de trabajo. Detrás del brandy hay gente que curra, con sueños e ilusiones que dependerán en gran parte de las ventas. O sea, de ese consumidor que encuentra simpático un anuncio en apariencia tan así.