León recupera el legado judío
La poetisa Margalit Matitiahu rueda durante estos días en la ciudad un documental acerca del pasado judío y que se emitirá en todo el mundo a través del Instituto Cervantes

El director de la película en un momento del rodaje que se desarrolló en Bodega Regia
Una niña divisa desde lo alto de una colina la ciudad que no volverá a ver. La escasa luz que desprende el sol a esa hora del día muere en la colcha de niebla que apenas permite ver la judería. «Pasos de otros siecolos/Ruidos desconosidos suben a mis oidos,/Y no los puedo quedar: ¿Onde me topo?/Las demandas se esparsen en el aver». Las palabras que mecen sus pensamientos seguirán siendo las mismas cuatro siglos después, y las nanas que su madre le cantaba serán las que arrullen el sueño de bebés en Turquía, en Grecia, en España, en Israel... Sefarad, esa patria a la que no renunciarán sus antepasados, ese lugar que no olvidarán a pesar de la bruma de los siglos, está a punto de expulsarla. La aljama ya ha comenzado a ser un recuerdo y es entonces cuando la historia -siempre tan tozuda- cumple su ciclo. Aquel momento se vuelve eterno y la separa de la orden de deportación que un caballero acaba de entregarle. Ese instante, como un paréntesis en su vida, se convertirá en el soplo que animará los recuerdos y las ansias de la diáspora. La cámara centra su objetivo en un medallón que la niña descubre mientras se despide, medallón que la historia rescatará de Puente Castro medio milenio más tarde. Presente y pasado se tocan. El pasado que vuelve de manera inexorable y el presente que nunca deja de ser. «Un viaje de los pasado a lo presente y de lo presente a lo pasado», explica la poeta. Este es el comienzo del documental Camino de Juderías , que hasta el próximo diez de diciembre, estarán rodando en León la poeta hebrea Margalit Matitiahu. La escritora y su hijo Jackie han filmado decenas de exteriores en la provincia con los que escribirán el pasado sefardí de la provincia. «Quiero devolver al pueblo de León todo lo que siempre me ha ofrecido, todo lo que siempre me ha dado», asegura Margalit. El documental se convierte así en una canción de amor que esta descendiente de leoneses de Salónica dedica a la ciudad. Es como el poema de amor que recita el propio Antonio Gamoneda y que se desliza a través del rostro de la niña, la misma que olvida el medallón que une los extremos del tiempo. La unión con el pasado Uno de los momentos que más emocionantes han resultado para Margalit ha sido aquel en el que tocó por primera vez y, después de cuatrocientos años, una vasija hallada en la excavación de Puente Castro, un instante que sin duda estará presente en el libro de poemas que Matitiahu editará en breve en Tel Avivi y que llevará por nombre Aromas y memorias. El documental, que también destaca lugares mágicos como la cueva de Valporquero, la cueva del moro o Agadán. Precisamente, éste es uno de los momentos clave de la historia que se descubre a través del video. Agadán es un poblado del Bierzo que hoy en día no levanta más de cuatro o cinco casas. A medio camino entre España y Portugal, fue refugio de los peregrinos hacia el exilio después de que recibieran la orden de expulsión. La mayoría de las familias -se desconoce la razón- pertenecían a generaciones de médicos, de galenos que habían servido a las órdenes de los reyes. Esta fue precisamente una de las profesiones en la que los judíos destacaron de manera notable. Se desconoce la razón por la cual moraron durante un tiempo en este lugar, escondido en el medio de un bosque, oculto entre la niebla, esperanzados ante la posibilidad de que el mensaje de la deportación se diluyera y pudieran regresar. Una vida en el camino, un viaje sin posada. Hasta aquel lugar recóndito se aventuraban los cristianos que enfermaban, sin importarles que quien les alargara la vida fuera cristiano viejo o converso. Aunque se desconoce que fue lo que pasó con exactitud, se cree que se convirtieran al cristianismo. Agadán se convirtió en una suerte de Brigadoon, un lugar mágico de cuya existencia se duda y cuyas ausencias nutren el mundo de las leyendas. Todo el documental respira desde el nivel del subconsciente, tiznando la cinta de mística que se consigue a través de un tratamiento especial de la luz, con el objetivo de velar la película del tiempo, de fundir el pasado y el presente. Por eso no podía quedar fuera uno de los personajes más importantes del Sefarad. Moisés de León, el autor de Esplendor (Zóhar), la obra más importante de la cábala, ese libro que pocos se atreven a conocer y que sentó las bases del pensamiento judío. Es un peregrinaje espiritual que defiende que quien conoce las etapas de la creación del mundo y del hombre tambien posee la sabiduría necesaria para acceder a Dios.