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El arte de dibujar el silencio
Con su sonido afilado y transparente, The English Concert y el Coro de Westminster hicieron vibrar a un Auditorio Ciudad de León que se quedó pequeño para la gran cita

El Coro de la Abadía de Westminster acompañó a The English Concert en esta fascinante actuación
Con veinte minutos de retraso, debido a los atentados de Madrid, The English Concert llegó casi sin resuello al Auditorio leonés para ofrecer uno de los conciertos más esperados de este final de temporada de abono, para el que ya no había localidades desde hacía más de un mes. A todas luces ejemplar, si al grupo de alumnos a los que se les invitó hubieran estado controlados por sus cuidadores o padres en lugar de estar comiendo caramelos, hablando o haciendo ruidos molestos con las palmas convirtiendo aquello en un bochornoso concierto para instrumentos de cuerda, coro y papel de celofán. Miren, señores organizadores: si de lo que se trata es de educar a los niños en la música con el fin de que no la odien, ya hay programados a lo largo de esta temporada tres conciertos dirigidos a ellos y sus familias, en los que tanto las obras como las explicaciones a lo que van a escuchar son lo suficientemente didácticas para que además de aprender todos, se diviertan también todos. ¿Qué sucedería en el Liceo o en el Teatro Real si en la temporada de abono y en funciones de mayor audiencia abrieran las puertas a los colegios para que un centenar de niños presenciaran por ejemplo el Parsifal , o la Pasión según san Mateo ? Pasando a la actuación del English Concert y el coro de la Abadía de Westminster a las órdenes de Andrew Manze, sucesor de Trevor Pinnok y anteriormente concertino de la Amsterdam Baroque Orchestra además de director asociado de la Academy of Ancient Music y miembro de la Romanesca, decir que sin menospreciar a otras formaciones británicas de similares características, el English Concert se coloca sin dificultad al frente de ellas por textura, sentido de los tempi, y ese sonido seco, afilado y trasparente, que es como la nueva marca de la casa. Clasicismo y originalidad Así de claro quedó con ese Concerto grosso de Corelli con el que arrancó el programa, en el que Andrew Manze destapó sus cualidades de soberbio violinista, que, pese a mostrar un nerviosismo a flor de piel, desbordó imaginación y originalidad en sus lecturas. Con regusto bien definido por las ornamentaciones, jamás cae en lo vulgar y manido sino que imprime brillo y sedosidad a cada una de sus personalísimas lecturas. El English Concert desbordó severidad clásica e ingravidez barroca. La hermosa Oda para el nacimiento de la reina Anna de Haendel, es una de las especialidades de la casa, y donde el grupo británico mejor define sus gustos y excelencias musicales. El impagable coro de voces blancas de la Abadía de Wetsminster junto al de adultos dieron esa ingravidez tan peculiar a estas formaciones que siempre se caracterizan por el buen gusto, la afinación y la pulcritud de cada una de sus intervenciones. Aquí acompañaron con perfecto tempo y empaste los escalofriantes dúos de soprano y contratenor con un oboe milagroso y un coro que todo lo envolvió con muelle cadencia. El Magnificat de Bach con el que se cerró el estupendo programa volvió a tener en los solistas y coro su fuerza y razón de ser. Tanto el contratenor (voz algo desigual), sopranos (ambas de hermoso timbre y dicción), como el tenor (y no bajo como dice el programa), de bien impostada voz; y el verdadero bajo, Charles Daniels, tuvieron una actuación destacada, llena de dulzura, lirismo y suavidad, y sobre todo llena de frescura. Inolvidable.