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Música desolada
Cuarenta profesores de la Filarmónica de Moldavia tocaron para treinta espectadores en un concierto matinal en el Emperador
La Orquesta Filarmónica Nacional de Moldavia se presentó el domingo a las 12 de la mañana en el Teatro Emperador para ofrecer un concierto con dos programas algo diferentes, pero que debido al escasísimo aforo se quedó reducido a poco más de una hora. Polkas, suites, mazurcas, valses y marchas entre otras obras, configuraron un concierto que no tuvo mucho sentido el que se celebrara, debido a que, a poco más, tocaban para ellos mismos. Cuarenta señores en edades comprendidas entre los treinta y los sesenta se afanaban por conseguir que lo que saliera de sus instrumentos fueran sonidos más o menos afinados y, sobre todo, que su música llegara a la treintena de aficionados que salpicaban aquí y allá otras tantas localidades. Lo cierto es que a veces lo conseguían y otras sólo quedaba en un conato de sonido más o menos audible. Lo lo verdaderamente encomiable fue la profesionalidad de todos y cada uno de los allí reunidos para hacer que las obras tuvieran la emotividad y la energía necesarias para que al menos llegaran a los agradecidos aficionados que habían pagado los diez euros del ala o habían conseguido las entradas por donación y aplaudían con ganas. La Obertura de Ruslán y Ludmilla, de Korsakov, abrió la matinada, en un ejercicio de calentamiento antes de entrar en materia con la Suite del Cascanueces, desafinada ostensiblemente en la cuerda, lo que hizo desmerecer el trabajo de los esforzados profesores. Siguió el precioso vals de Sviridov, muy bien tocado, para entrar de lleno y sin transición en las segunda parte del programa, tras saltarse la Romanza, la Marcha del mismo autor así como la Jota Aragonesa de Glinka, que no fue ni puesta en atril. Las prisas y la desolación comenzaron a hacer mella entre los músicos. La Obertura del Murciélago, totalmente plana y sin matices, la polka Pizzicato , sin garra alguna , la hermosa marcha persa, mejor interpretada y el conocido vals Sangre Vienesa irreconocible, colocaron al respetable en disposición de afrontar con resignación el ultimo tercio del concierto con el Bello Danubio Azul, Movimiento Perpetuo y la socorrida y manida Marcha Radevski, azote de melómanos y alegría de neófitos. Y para concluir una breve reflexión: ¿A qué iluminado se le ha ocurrido programar un concierto a las 12 de la mañana, sin apenas anunciarlo, en una ciudad en la que afortunadamente ahora ya podemos presumir de tener las mejores programaciones del país, con las mejores orquestas del mundo, donde los dos días anteriores se habían celebrado apoteósicos ballets con aforos completos y traernos a una formación de segunda fila, a diez euros y pretender que acuda el público? Sólo a quien desconoce la realidad musical de esta ciudad o a quien lo mismo le da programar conciertos que marionetas. Así les luce el pelo.