| Reportaje | Polémica lingüística |
Diversidad igual a riqueza
Cualquier intento de politizar una lengua lleva a ocultar la realidad: en el Bierzo existen tres dominios lingüísticos, uno de los cuales, el leonés, no goza de ninguna protección legal
En los últimos días, la comarca del Bierzo se ha visto sacudida por una polémica surgida a raíz de un tema que no siempre es bien entendido en toda su complejidad: el lingüístico. Las declaraciones del presidente de la Unión del Pueblo Leonés, Melchor Moreno, con respecto a la lengua gallega han suscitado todo tipo de críticas desde asociaciones culturales y personalidades políticas. La afirmación que hizo de que «el gallego no es una lengua propia del Bierzo, sino que hay una zona en el Bierzo donde se utilizan palabras y expresiones gallegas por influencia de Galicia» ha sido muy negativamente recibida en diversos ámbitos, siendo rápidamente contestada y rebatida. Polémicas como ésta tienen una parte positiva sin duda: plantean la posibilidad de abrir un debate serio y respetuoso sobre un tipo de riqueza que no siempre se entiende como tal. Así, por ejemplo, todo el mundo reconoce que el Monasterio de Montes o la Basílica de la Encina son un bien cultural que hay que proteger, pero ese mismo reconocimiento no siempre se cumple cuando nos referimos a la lengua propia, la fala tradicional de cada zona -que también constituye un valioso patrimonio-, probablemente porque en todo León aún se arrastra la idea de que emplearlas equivale a «hablar mal» o «hablar de pueblo», denotando aún una gran falta de prestigio con respecto del castellano, la «lengua culta». Realidad versus reconocimiento Filólogos, escritores y lingüistas, el propio pueblo hablante y cualquier visitante que se acerque a la zona sabe que muchos habitantes del Bierzo Oeste hablan gallego con normalidad y familiaridad. Este hecho cultural ha sido recogido por el Estatuto de Castilla y León y ya hay medio millar de alumnos que lo estudian en sus colegios e institutos, un número que, a decir de las asociaciones en defensa de esta lengua, como Fala Ceive, está en pleno crecimiento. Pero no se acaba ahí la historia de las lenguas en esta comarca, fértil en muchas cosas. Su parte Este -la vertiente berciana de los Montes de León-, el Norte -alto valle del Sil, con límite en Fornela- y partes del Sur, tienen como dominio lingüístico tradicional el asturleonés, y éste, lamentablemente, no cuenta con ningún tipo de protección legal, reconocimiento institucional o aparición en el estatuto. Un dominio compartido, asimismo, con otras comarcas de la región leonesa como Cepeda, Maragatos, Cabrera, Valduerna, Valdería, Montaña Occidental, Órbigo, y otras. Y como las lenguas no son compartimentos estancos sino que se van diluyendo unas en otras casi imperceptiblemente, el Atlas Lingüístico del Bierzo y otras obras nos muestran cómo asturleonés y gallego se entrecruzan y mezclan precisamente en el Bierzo. Palabras de uno y otro dominio pueden oírse juntas, en unas hablas de transición de difícil normalización. A todo esto, por supuesto, hay que sumar el castellano, lengua culta de común uso, sobre todo en los núcleos urbanos. Quizá la teoría está clara, pero la práctica es complicada. Las asociaciones culturales y plataformas pro-defensa de las lenguas están de acuerdo en que constituye un verdadero adelanto que se reconozca la cooficialidad de las modalidades gallegas del Bierzo, pero reducir todo lo berciano a lo galaico es un error. Si se cooficializa el gallego es necesario hacer lo mismo con el leonés, tanto en el Bierzo como en el resto de comarcas. Manifiestos como el firmado por Fala Ceive e IFL confirman que tanto uno como otro constituyen una riqueza para el Bierzo y para todo León, y que politizar el gallego es tan negativo como politizar el leonés. Moreno también dijo que su partido estaba en contra «de la imposición». Parece lógico que la enseñanza de ambas lenguas, y de todas sus variantes, se debe hacer únicamente desde una opción libre.