El cáncer impidió a la autora extremeña culminar su gran proyecto narrativo
Inma Chacón termina la novela soñada de su hermana gemela Dulce
«Escribir 'La princesa India' me dio una razón para vivir tras su muerte», asegura

Inma, hermana gemela de la fallecida autora extremeña Dulce Chacón
La muerte impidió a Dulce Chacón (Zafra, 1954-Madrid, 2003) culminar su más intenso sueño narrativo. Lo ha cumplido su hermana gemela Inma, que tomó el testigo por encargo de Dulce, cuando la autora de Cielos de barro y La voz dormida sabía ya que el cáncer le impediría culminar la historia que le rondaba desde hacía más de una década. «Tienes que escribirla tú» le dijo Dulce a su gemela sabiendo que tenía los días contados. Inma ha cumplido y firma La princesa india (Alfaguara), una novela «de amor y desamor» con la «conquista-invasión» de México como telón de fondo y que ha sido para Inma Chacón una «tabla de salvación». «Me ha dado la vida y me ha permitido seguir adelante -explica-. Si he sobrevivido a mi hermana ha sido gracias a su encargo. Además de dolorosa, su muerte fue para mí completamente absurda. 'Si hemos vivido juntas, tendríamos que irnos juntas' me dije. No concebía la vida sin ella. Éramos gemelas y ejercíamos. Cada una con su personalidad y su mundo. Cuando murió me quedé coja, manca y muda. Totalmente inválida. Dulce tuvo la lucidez y el acierto de pedirme que escribiera la novela el mismo día que supo que tenía un cáncer gravísimo. Fue su herencia y su manera de salvarme». Ante la pregunta de si fue fácil o no llevar a término La princesa india , Inma Chacón afirma que no, pero que ha sido una «experiencia mágica». «Tu princesa vivirá», le dijo a Dulce, aunque nunca pensó que pudiera escribirla realmente. «No lo habría hecho si Dulce no me lo hubiera pedido -dice-. Ha abierto además una senda por la que pienso seguir. Ya estoy con otra novela». Cambió su vida Así pues, la hermana gemela de la célebre escitora ha cambiado de vida. «Yo tenía mi profesión en la docencia universitaria -explica- y he escrito cosas académicas y científicas. Y eso que Dulce y yo escribíamos desde renacuajas. Con el tiempo, Dulce descubrió que si no escribía se moría, que la vida le iba en la escritura. A mí no. Cuando enfermó le pedí que se pusiera a escribir con la esperanza de que le ayudara. Pero no tuvo fuerza. Tras su muerte, me puse manos a la obra. Dejé mi trabajo como profesora, y me dejé atrapar por la narrativa. Es magia. Que yo esté con el libro entre las manos es parte de un embrujo. Es algo más que un sueño o una promesa cumplida». Además, la empresa no era fácil, ya que Dulce le contó muy poco sobre el proyecto: «Sólo me dijo: 'hay que contar lo que pasó allí', y que la conquista 'no es algo de lo que debiéramos estar orgullosas'». Así pues, la visión que Dulce tenía de la conquista no era otra que España invadió aquellas tierras. «Que fue una invasión en toda regla -afirma su hermana- y que generó un sentimiento que aún persiste, aunque hoy la relación sea otra y se destaque también el amor a España. Hay contradicciones en una relación intensa y viva. Nos lo han contado desde un prisma romántico, pero se cometieron muchas barbaridades y se intentó suprimir una cultura e imponer unas creencias. Y eso es algo siempre nefasto.