La Bienal de Venecia deja espacio al arte contemporáneo en clave de crítica
La 51 edición de la Bienal de Arte Contemporáneo de Venecia, inaugurada ayer, deja amplio espacio a diversas expresiones artísticas teñidas de polémica, que buscan la provocación y suscitar reacciones en el espectador. Aunque el escaparate veneciano reúne cientos de obras contemporáneas de las más variadas procedencias y estilos, inevitablemente hay algunas más llamativas que, por su forma o contenido, terminan para bien o para mal en boca de todos. En esta ocasión, buena parte de las creaciones abiertamente contestatarias se encuentran en el apartado «Siempre un poco más lejos», a cargo de la española Rosa Martínez, que dirige la presente edición de la Bienal junto con la también española María de Corral. Su exposición, situada en el antiguo astillero del Arsenal, alberga en la primera sala una de las creaciones más comentadas y sin duda fotografiadas de la exhibición: una enorme lámpara blanca de aparente estilo clásico, que en lugar de cristales tiene cientos de tampones para la menstruación entrelazados unos con otros. El peculiar ornamento es una de las creaciones más representativas de la franco-portuguesa Joana Vasconcelos, que le dio el título de «La novia» para mostrar la hipocresía del blanco virginal del vestido de novia y la realidad sexual de nuestros días. El mismo fondo está presente en la obra de la guatemalteca Regina José Galindo, de 31 años y premiada en esta edición con el León de Oro en la categoría de artista joven.