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Encinas y Marta Arce incendian el Auditorio
El público puesto en pie aclamó a orquesta y cantantes durante varios minutos por su gran actuación

Ignacio Encinas y Marta Arce en un momento de la actuación
Cada vez que Marta Arce o Ignacio Encinas cantan en León el éxito está asegurado. Y la noche del pasado domingo se volvió a corroborar el aserto. Las entradas se habían agotado varias semanas antes y a los organizadores, en un acto de iluminismo colectivo, se les ocurrió hacer uso de la tribuna para cobijar al casi centenar de espectadores que, de otro modo, hubieran quedado fuera. Así las cosas, comenzó el recital para el que se habían elegido una serie de romanzas de zarzuela muy conocidas y unos interludios para la orquesta de igual tenor. Aunque la elección se mostró correcta y agradecida, se hubiera podido hacer aún más si alguna de las piezas, como el intermedio de Bohemios , por cierto muy mal interpretado por la orquesta, se hubiera cambiado por otra obra más trabajada y conocida por los músicos como podría haber sido el siempre aplaudido Baile de Luis Alonso , por mencionar una pieza que la orquesta ha tocado innumerables veces con acierto. No obstante el resultado, con algunos altibajos naturales fue bueno. En algunos momentos la orquesta, debido al endiablado ritmo a la que la sometió, se fue en algunos pasajes por un lado y los cantantes por otro. Si obviamos que en el Canto a la espada forzó tanto la velocidad y dejó casi sin resuello al tenor o comenzó la Veneciana sin que estuviera la soprano en escena, el resto que fue mucho y bueno, supo salvarlo sin demasiado esfuerzo. La orquesta tocó muy bien, para los pocos ensayos a los que se la somete, y acompañó dentro de sus posibilidades bien a los cantantes. Lo peor, el interludio de Bohemios en el que se yuguló todo el lirismo, con unos pizzicatos que eran como garfios y un tempo demasiado vivo para lo que es ese precioso intermedio. Muy bien en el Tambor de Granaderos , pieza muy tocada y dominada por la formación leonesa y excelente en La Leyenda del Beso . Pasando al aspecto canoro, decir que la gran revelación de la noche fue la soprano Marta Arce, en un momento espectacular de voz, fresca, afinada, muy timbrada y sin fisuras aparentes a la hora de enfrentarse a piezas como La Marchenera, "a Tempranica o La hermosa romanza, así como las intervenciones que tuvo con Encinas en los dúos, donde en ningún momento mostró nerviosismo ni inseguridad. Bordó el Dúo de Raquel y Luis , que tuvo que ser bisado, y dejó constancia de sus progresos que no deben ser ignorados por los que contratan a veces a voces de tercera cuando tenemos una de primera. Ignacio Encinas señoreó la noche con su presencia y con su canto. Arrancó con la romanza En este apacible rincón de Madrid de Luisa Fernanda, con la voz bien timbrada, y se embarcó en un Sembrador , escrito para barítono, de forma valiente y sin red, lo que le ocasionó algún leve desajuste que supo solventar con la precisión y experiencia de quien es uno de los grandes. La Madrileña Bonita la cinceló, con esa voz potente, a veces acariciadora y siempre en su sitio hasta poner en pie al Auditorio con el célebre Canto a la Espada , en la que dio todo el enorme caudal de sus agudos para hacer de esta bella pieza, una arrebatadora lección de canto. Los dúos muy empastados y un poco forzado debido a la velocidad impuesta por el director, en el dúo de Marola y Leandro. El resultado final un completo éxito que hay que repetir.