Diario de León

Las misivas nunca llegaron a su destino pese a que sólo reflejaban el día a día de los pequeños

El Archivo de Salamanca guarda miles de cartas de los «niños de la guerra»

La antigua Unión Soviética fue uno de los países europeos que más menores acogió

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El Archivo de la Guerra Civil, con sede en Salamanca, guarda miles de cartas escritas desde Rusia por «los niños de la Guerra» y que nunca llegaron a sus destinatarios, pese a que el contenido era inocuo y reflejaba tan sólo la vida cotidiana de los pequeños. «Querida mamá: en Rusia tenemos un río, nos llevan a nadar y comemos muy bien, pan abundante y blanco», cuenta un niño en una de esas cartas que fueron incautadas por la censura postal franquista, quizá porque lo consideraban «una posible fuente de información para los Servicios Secretos», afirma el director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, el leonés Rogelio Blanco. La antigua Unión Soviética fue uno de los países receptores de los más de 30.000 niños que salieron de España durante la Guerra Civil y que también fueron acogidos en Francia, Bélgica, Reino Unido o México. La URSS: el país del proletario El director general considera «incomprensible» que esas cartas fueran incautadas porque su contenido es de «absoluta inocencia» y opina que los servicios secretos se quedaron con ellas no tanto por la información que pudieran extraer como por «la tortura psicológica» que suponía para los padres no saber nada de sus hijos. En una de las cartas, una niña le cuenta a su madre la llegada a Rusia y le dice que fue «muy asombrosa; nos recibieron con banderas republicanas y también tocaron música. A la mañana siguiente nos llevaron a Leningrado y durante el trayecto vimos la estatua del gran comunista Lenin rodeado de grandes jardines». Misivas en las que abundan las faltas de ortografía y en las que un niño mete en el sobre «unas migas de pan blanco» para que sus padres vean cómo es; otro les cuenta que está aprendiendo ruso y que tienen «muchos maestros y buenos». «Estamos muy bien en Rusia porque es un país del proletariado. Vamos a la ópera, que es la segunda de Europa y la tercera del mundo», afirma un chaval en esas cartas que Rogelio Blanco ha leído «durante un fin de semana» y que, asegura, le han «emocionado». «El Estado durante muchos años se convirtió en retenedor de algo que no atentaba contra la seguridad ni ponía en peligro la unidad de España. Se han retenido sentimientos y emociones», afirma el director general. Las cartas de los niños de la guerra podrían ser reclamadas por sus familiares, si finalmente se aprueba el proyecto de Ley que contempla la devolución a la Generalitat de Cataluña de los documentos que le fueron incautados en la guerra. Esa ley abre la puerta a que los particulares puedan reclamar, a través de las Comunidades Autónomas, aquello que les pertenezca. Blanco deja claro que si alguien reclama documentos del Archivo de Salamanca, antes «tendrán que acreditar ser propietarios, que no será fácil, y dar garantías de conservación o disponibilidad. Pero de todo quedará copia digitalizada en el Archivo». La mayor parte de las familias con las que han entablado contacto «quieren que lo que les afecta se quede allí y sólo piden una copia o un reconocimiento de propiedad». El alto cargo de Cultura destacó también «el esfuerzo» que está realizando el equipo que dirige la ministra Carmen Calvo para crear «un gran Centro de la Memoria» en Salamanca, que no sólo albergue contenidos referidos a la Guerra Civil sino que abarcará desde 1936 hasta la Transición.

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