OPINIÓN
Los peces de colores son blancos
ENTRE los alicientes que ofrece el paseo por algunos parques están esos estanques que guardan, a modo de sorpresa , peces de colores. Lo paradójico es que casi siempre han perdido su esencia, esto es, el color de su lomo que poco a poco se torna blanquecino, pero un blanco indefinido, enfermizo. Parecen nadar siempre despistados, se agolpan unos sobre otros y se miran moviéndose hacia ningún sitio como si fueran conscientes de lo absurdo de permanecer allí atrapados. Ellos sí parecen tener más presente su situación que quien los hizo recaer allí : la búsqueda de una evocación rápida y por la puerta de atrás de la belleza. Un instante de fingida y forzada implantación de lo hermoso a destiempo y en un lugar que no les corresponde. Esta es la punta del iceberg de otra gran paradójica metáfora. El último pensamiento al mirar estos peces de colores evoca nuevamente, en paralelo a su situación, el hecho de cómo invertimos en ocasiones, nuestro dinero público. Pienso en un paseo por la vereda de cualquiera de nuestros ríos trucheros, la espectacularidad de los paisajes, únicos en muchos aspectos. Las truchas se mecen por las aguas del Curueño y, apoyado observándolas, sí se deleitan auténticamente nuestros sentidos. Ellas sí han encontrado su lugar y su destino. No son fruto de la belleza ocasional, sino un regalo de la naturaleza para quien lo busca, como lo es la carrera de un corzo hacia al monte para quien ha tenido la ocasión de disfrutarlo. Y lo cierto es que somos unos privilegiados teniendo todo esto al alcance de la mano. Resulta escalofriante pensar que toda esta riqueza estuviera en otros lugares. Con toda seguridad ya disfrutarían de la inversión necesaria para poder convertirla en fuente de riqueza para todos, en objetivo del disfrute común en las mejores condiciones. Serían lugares de referencia, epicentros de visita obligada para quien quisiera gozar de vacaciones tranquilas y de calidad. No se me olvida toda nuestra riqueza monumental en la capital y provincia. Nos separan unos pasos de obras capitales para la historia del arte de cuya existencia no sé si en ocasiones somos conscientes. Nuestra ciudad y provincia están paisajística y monumentalmente legitimadas por la calidad de lo que ofrecen y poseen, de manera absolutamente objetiva y no por poco fundamentados empeños localistas, para ser lugares de visita obligada. De nosotros depende. No soy yo especialmente dado al lamento sino a la solución.