Diario de León

OPINIÓN

Sólo es importante lo necesario

Publicado por
ENRIQUE RUEDA
León

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EL SÍMBOLO es una vaina en la que se oculta la realidad, es su funda más hermosa. Aquella que pretende esconder las cosas a cambio de ofrecer su mejor imagen, la más sublime, sin permitir que nada penetre, haciendo que todo permanezca intacto desviando la mirada del objeto representado hacia su propia representación. Como un «oscuro disfraz del destino» nos define su idea del símbolo el maravilloso Ángel González, quien se reserva el color amarillo como el lugar que oculta la traición. Y nos avisa de que nos «engañan las palabras, las cifras, los sonidos. Nada es lo que parece. El peligro está detrás de todo». Cuántas obras artísticas han tenido su único sentido y su única posibilidad de existencia como símbolos del poder. Cuántas imágenes han sido objeto de representación como símbolo de algo que pretendidamente afecta al bien común: la paloma de la paz, por ejemplo. Todas estas ideas se me agolpan cuando pienso en circunstancias cotidianas que mucho tienen que ver con esto. Casi es imposible encontrar ya una paloma en ninguna ciudad que conserve un aspecto sano y saludable. El color de su plumaje está distorsionado e incluso sus actitudes parecen ofensivas, muy alejadas de lo que se espera de un pájaro que debería acrecentar la belleza del entorno y, con las connotaciones que tiene su presencia, pacificar el ánimo de los ciudadanos. Ya sabemos los problemas que genera a la hora de deteriorar monumentos y espacios públicos, y que su actitud «buscavidas» depaupera su imagen de pájaro pacífico. Ninguna culpa tienen estos animales. Es su presencia descontextualizada, en un lugar que no les corresponde, la que desvirtúa su sentido, la que ha confundido su objeto último e incluso las confunde a ellas mismas, que han tenido que modificar sus comportamientos para poder sobrevivir a su propia simbología. Mucho tienen que ver con esto también las fechas o los días que se dedican a recordar aquello que tenemos que mejorar. No he podido llegar a contar todas las vueltas que tuve que dar para llegar a mi destino la jornada en que se celebraba el Día sin coches. Es indudable que resulta necesario poner el dedo en la llaga y remover conciencias sobre muchos temas, lo que no tengo tan claro es la metodología utilizada y la eficacia última de estas propuestas. Al día siguiente los mismos coches de siempre repetían su acción nociva. ¿No será que nos quedamos anclados sólo en el símbolo y no traspasamos sus fronteras?

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