Diario de León

Pintor, escultor y escenógrafo

«El Musac representa todo aquello que yo no puedo aceptar en arte»

El artista lacianiego afirma estar muy ilusionado con la inminente colocación de las «Moscas» que ha creado para Puerta Castillo y que define como «una decoración teatral»

El artista lacianiego Eduardo Arroyo en su casa de Madrid

El artista lacianiego Eduardo Arroyo en su casa de Madrid

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Paco Alcántara - león
León

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Eduardo Arroyo no pierde un ápice de su impronta transgresora. «A mí me gustaría un mundo indisciplinado», asegura uno de los más importantes representantes de la figuración crítica, quien se define como «un viejo pintor que vive del mercado privado», lo que le permite arremeter contra la concepción de los nuevos museos: «Están cada vez más burocratizados y en manos de gentes que no tienen nada que ver con la idea de arte que yo hago». Mantiene sus aceradas críticas hacia el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (Musac) y, aunque no quiere entrar en polémicas, indica que es «una total aberración». Asimismo, se lamenta de las nuevas acepciones del término artista -«hoy los grandes artistas son los costureros y peluqueros que acuden a la Pasarela Cibeles»-, pero conserva inalterable su pasión por Robles de Laciana, la localidad leonesa donde tiene sus raíces, según confiesa. En este pueblo rehabilitó la casona que fundó su bisabuela y, hace ocho años puso en marcha unos recitales estivales de música con la colaboración de la pianista Rosa Torres-Pardo que han desbordado todas las previsiones de asistencia. Trabajador incansable, Arroyo se muestra ilusionado con ver colocado un conjunto de esculturas que creó para una plaza de León. -¿Las «Moscas» Se van a colocar finalmente en Puerta Castillo? -Mi contrato con la ciudad lo he cumplido, las esculturas se encuentran en León y después de cinco años espero que se coloquen, aunque faltan algunos flecos burocráticos. Es uno de los proyectos más ambiciosos que he emprendido en España: la decoración de una plaza, donde a mí me gusta que se mezclen la piedra, el bronce y el hierro. No quería poner una gran escultura en el centro, sino hacer una decoración teatral. -Ha sido éste un proyecto envuelto en la polémica. Un colectivo ciudadano alzó su voz en contra porque aseguraba que no encajaba en pleno casco histórico de León, ¿qué opina de ello? -He olvidado esta disputa, pero ni hubo polémica ni desencuentro. Yo he tenido una relación muy seria con la gente que interesaba, los vecinos del entorno. Les expliqué lo que iba a hacer y si hubiera visto reticencia de ellos me hubiera replanteado el proyecto. La plaza es magnífica: totalmente mestiza, metafísica y extraordinaria. Te diré que a Chillida le dije que abandonara el proyecto de Timanfaya, porque no se podía continuar adelante con la oposición de los habitantes de la zona. -En León, ha mantenido otro frente dialéctico tras criticar abiertamente la concepción del Musac. -Es que yo considero que es una total aberración. No tengo nada contra el director, al que tengo la fortuna de no conocer. No pretendo entrar en polémicas, pero algunas declaraciones me han sentado fatal, como que la colección se va a acabar en 2012. Es el mismo dislate que cuando Paco Rabal puso fecha al fin del mundo. Tampoco puedo aceptar que se diga que no es necesario comprar obras de Juan Gris o Picasso, porque con ese dinero se van a dar becas a jóvenes artistas. Yo les propuse que, además, les podían dar un coche a cada uno porque de esta forma viajarían mejor. -Entonces, ¿cuál es su concepción de la formación artística? -Una vez me preguntaron cómo se llega a ser un gran artista y respondí que comprándose una manta de Palencia, que es consistente, y con ella encima ocupar la oficina de María Corral, hasta que llegue la Policía. Pero si lo que quieren es ser obedientes, decir sí a todo y bailarle el agua a una cantidad de ineptos y burócratas que dirigen la mayoría de los museos de Europa, se convertirán en unas personas disciplinadas. Yo no creo que ese sea el camino. A mí me encantaría leer en los periódicos que la gente hace cosas raras, pero no lo veo. La situación es poco interesante y bastante decepcionante. Es un mundo que desconozco y no me pertenece. -¿Discrepa del la línea de trabajo que llevan los nuevos museos de arte contemporáneo? -Creo que el IVAM, en Valencia, por supuesto, el Reina Sofía y el Esteban Vicente, en Segovia, mantienen un alto nivel. Sin embargo, en general, los museos cada vez se encuentran más burocratizados y en manos de gentes que no tienen nada ver con los conceptos pictóricos en los que yo me muevo. Es un mundo que no me pertenece. Existe una diferencia muy grande, cuando yo empecé lo único que podía sufrir el artista es un rechazo social, ahora resulta que tienen un status noble. Cuando comencé me veían como un loco destinado a la miseria y al vicio. Entonces era normal llegar a un museo con 80 años. Ahora hay que estar con 20, seguramente solo con una foto pegada a un cartón y unos cachivaches. -¿Recela, por tanto, de las nuevas tecnologías en el arte? -No estoy en contra, se pueden hacer cosas magníficas con ordenador o fotografía o, mismamente, con el aire. Lo que es insoportable es que haya 180.000, eso es demasiado, son 180.000 pestiños. No me interesa. Los grandes artistas hoy son los costureros y peluqueros que se dan cita en la Pasarela Cibeles. Tengo la mala idea de pintar al óleo y este material huele mal, además, es un sistema de trabajo viejo.

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