La exposición que no veremos
Aunque la muestra de las Cortes autonómicas sobre las «señas de identidad» no va a llegar a León, en el resto de provincias se sigue mostrando un viejo reino que no es región
La postura reivindicativa de la historiadora Margarita Torres-Sevilla y de buena parte de la sociedad leonesa ha dado como resultado el que la Fundación Villalar se replantee el calendario de su exposición itinerante Castilla y León. Nuestras señas de identidad , que en estos momentos se encuentra recorriendo el territorio de la comunidad autonónoma. En un principio, su llegada a la capital leonesa estaba prevista para el pasado mes de octubre, pero este montaje de paneles explicativos y fotografías no llegará finalmente a la ciudad. En su lugar se diseñará una exposición específica sobre la historia de reino leonés, desde sus más inmediatos comienzos y hasta el siglo XIII. No obstante, la muestra primigenia continúa su recorrido por la comunidad autónoma (durante este mes se exhibe en Soria) mostrando a todos los visitantes las características de «una única región» no de dos, tal y como se remarca varias veces en los textos mostrados. El uso del posesivo en la primera persona del plural («nuestro», «nuestra») para referirse a Castilla y a León hace reinterado hincapié en este concepto unitario. Además de ese tono general, la muestra incurre en varias omisiones sobre el pasado y la idiosincrasia de lo leonés. En ella puede leerse lo siguiente: «Nuestra región puede enorgullecerse de haber albergado una de las primeras y más antiguas instituciones de Europa: las Cortes de Castilla y León». El texto obvia que las primeras Cortes europeas tuvieron lugar en 1188 en el Reino de León mientras era gobernado por Alfonso IX, rey de una Corona en la que no estaba incluido el reino castellano. La expresión Una historia en común de más de ocho siglos choca con la realidad de que la actual comunidad autonóma data de 1983. Antes había dos regiones, León y Castilla la Vieja. Además, otra frase nos informa de esta manera: «Hace más de mil años que tuvo lugar la primera unión de los reinos, cuando Fernando I de Castilla recibió la corona de León a la muerte del anterior monarca, Bermudo II». ¿Recibió? El análisis de la momia del joven monarca leonés ha revelado que Bermudo fue atravesado por decenas de lanzas en la batalla de Tamarón. Más correcto sería decir que se la arrebató. El hecho objetivo de que la actual comunidad autónoma se configurara como tal en 1983 no parece ser obstáculo para la siguiente afirmación: «Castilla y León han compartido una trayectoria de más de ocho siglos y ése es su principal rasgo de identidad». Ni una palabra se dedica a la trayectoria histórica completa del Reino de León y de las instituciones administrativas y jurídicas propias que le sucedieron, como el Adelantamiento y la región leonesa, trayectoria que fue interrumpida con la creación del mapa autonómico actual. Asimismo, se asegura que la única lengua que se habla en la comunidad es el castellano, omitiendo el gallego y la existencia del leonés como lengua, tal y como ha reconocido la Unesco. Construcción autonómica Por otro lado, en el apartado relativo a la historia contemporánea, se asegura que «castellanos y leoneses hemos cumplido más de veinte años de libertad (...) en los que hemos construido, entre todos, un nuevo edificio institucional al servicio de nuestra región, basado en el pluralismo y respeto por las opiniones de los demás». De esa historia están ausentes las manifestaciones populares en pro de la autonomía de León que marcaron toda una época y que, independientemente de posicionamientos, son parte de la historia y muestra de un sentir cívico y espontáneo.