Tu música envenena mis sueños...
Mientras los cantantes intentaban salvar los muebles, la orquesta de la Ópera de Odesa destrozaba la obra de Puccini

Esta puesta en escena tuvo lugar el pasado martes
Vamos a hablar de ópera de una vez por todas y dejarnos de eufemismos disfrazados de nombres más o menos sonoros que sólo llevan a confusión. En primer lugar, el que una compañía venga precedida del topónimo del país de origen como es el caso de la de Odesa no justifica de ninguna manera que todo lo que venga de afuera sea lo mejor o incluso lo excelente. Gracias a Dios, si de algo podemos presumir en este país es de voces de primera calidad por las que se pelean los grandes teatros del mundo desde hace más de un siglo. En segundo lugar, si en vez de una compañía rusa se hubiera presentado en el Emperador una española, los abucheos, pataletas y críticas desaforadas se hubieran sucedido sin miramiento ante tamaño atentado contra el Arte. Pero, ¡ay amigo!, eran rusos y eso necesariamente conlleva implícito el marchamo de excelente y lo cierto es que de «ex» lo único que tenían era lo de «extranjeros». Cantar La Bohème , como interpretar cualquier otra obra del repertorio belcantista con cierta dignidad no les es dado a todas las compañías. Emitir sonidos bien colocados, perfectamente pronunciados, fraseados y sobre todo afinados, sólo a unos pocos; y pedir que todo eso vaya acompañado por una orquestación acorde con lo exigido por el compositor, que sepa dar las entradas correctamente y además no parezca una banda de aficionados salidos de una cervecería, sólo a los elegidos. Naturalmente ya no hablamos de puestas en escena, decorados, coros, cuerpo de baile, si lo hay, iluminación, vestuario, etc., entonces sería hablar de una utopía. Por eso, cuando se contrata a una compañía de ópera lo primero que hay que exigirla es que sea digna y equilibrada en sus funciones y no traer lo primero que nos ofrecen sin saber qué nos van a largar. La Bohème que nos ofreció la compañía de Odesa, siendo mucho mejor que la infausta Butterfly de hace unos días, careció de casi todo. A unos decorados cutres y depauperados, se unió una puesta en escena hierática, burda y anacrónica. A unos cantantes mediocres (penoso Rodolfo y destemplada Mimí) se sumó una orquesta exigua, sin apenas cuerda, poco metal y desafinado viento, algo así como un cuchillo sin mango al que le falta la hoja. La dirección trató de estar atenta a los cantantes pero no pudo suplir los momentos más líricos con los escasos medios que contaba. Sólo los coros aguantaron el tirón, pero la desafortunada puesta en escena acabó por anular cualquier conato de buen hacer. Parte vocal penosa Pasando a la parte vocal, la Mimí, sin tener mal timbre, mantuvo una vocalidad errónea, poco matizada, con fraseos elongados y cuidando poco la emisión, que se basó especialmente en la máscara sin controlar bien los reguladores. Menos perdonable fue lo del tenor que además de cantar su aria che gelida manina medio tono baja, presentó una emisión engolada, con nulo control de la zona de paso, escasa potencia en los dúos, de nuevo bajo de tono hasta quedar sepultado por la soprano. Una vez más. los subtítulos brillaron por su ausencia para no variar. Una Bohème sin gracia, pobre y mal acompañada.