Crítico y ensayista, recibió el Premio Nacional de las Letras en el 2003
Se apagó la voz de Lepoldo de Luis
El escritor cordobés, de 87 años, pertenecía a la primera generación de postguerra

Una de las últimas fotos de Leopoldo de Luis, tomada en septiembre
El poeta, crítico y ensayista cordobés Leopoldo Urrutia de Luis, de 87 años, falleció ayer en Madrid de un infarto de miocardio. La capilla ardiente quedó instalada a primeras horas de la tarde en el Tanatorio Norte. Su cuerpo, aseguraron fuentes familiares, será enterrado hoy en la capital. Perteneciente a la llamada primera generación de posguerra, el poeta cordobés fue distinguido con el Premio Nacional de las Letras en 2003. Este galardón -uno de los más importantes que concede el Ministerio de Cultura- reconoce la labor a toda una vida. La trayectoria de Leopoldo de Luis viene definida por unos comienzos «neorrománticos» que evolucionaron hacia una poesía «social y existencialista», según expresión de su hijo, el crítico y catedrático de Literatura de la Universidad Carlos III, Jorge Urrutia. El poeta andaluz había publicado más de treinta títulos, entre obras de creación y ensayo, y fue reconocido con importantes premios, además del de las Letras. Entre ellos el Nacional de Poesía, el León Felipe, el Pablo Menassa y el Internacional de Poesía Miguel Hernández. El crítico Ricardo Senabre saludó su voz como «la más grave de la posguerra». Hace dos años, la editorial Visor, con el patrocinio de la Diputación de Córdoba, publicó sus obras completas. Admirador de Machado «Todos los premios son estimulantes y sirven para que te conozcan algo más, aunque, si he de ser sincero, yo creo que la poesía no la lee nadie», había manifestado en tono jocoso, el escritor tras conocer la noticia de que había sido recompensado con el Premio Nacional de las Letras. En aquella conversación colocó a Antonio Machado en lo más alto del Olimpo. «Machado es especial, superior a todo; está por encima, incluso, de la propia poesía». A su juicio sus expresiones eran «electrizantes» y tenían «ese algo indefinible que los demás no poseemos». Si Antonio Machado -de quien escribió una soberbia biografía- era «el grandísimo poeta de la literatura española», Vicente Aleixandre -de quien escribió otra magnífica semblanza- era la persona «más noble de este mundo». «Cuando hablabas con él tenía la elegancia y la generosidad de hacerte creer que el importante eras tú». Leopoldo de Luis comparaba las metáforas de Góngora con un pase de pecho de Joselito y el Romancero gitano de Lorca con los goles de Ronaldo. «La poesía más pura, la de más vuelo, transmite sensaciones inefables», dijo en aquella ocasión. Unos meses ante, en junio de 2003, viajó a Córdoba para despedirse de sus lectores. Eligió su tierra para anunciar que en los años que le restasen de vida sólo escribiría «poesía secreta».