Las bibliotecas de Dallas vetan la entrada a los malolientes
La nueva prohibición de las bibliotecas públicas de Dallas, que veta la entrada a quienes huelan mal y prohíbe comer o practicar el sexo en sus instalaciones, ha encontrado partidarios y detractores entre funcionarios y activistas. El nuevo reglamento impide hablar por los teléfonos móviles, fumar, alzar la voz, entrar descalzos, utilizar reproductores de música o usar los lavabos para bañarse. Las nuevas reglas, que previsiblemente entren en vigor el próximo febrero, han sido duramente criticadas por las organizaciones benéficas de la ciudad, que argumentan que se dirigen principalmente contra los mendigos que buscan refugio en los edificios públicos. Steve Salazar, concejal municipal por el Distrito 2 de Dallas y quien se opone al reglamento, cree que el Ayuntamiento debería revisar estas medidas en la reunión que tiene previsto celebrar en enero. Para Salazar, no existe una medida imparcial si puede dar lugar a malos entendidos o, peor aún, sentar bases para la discriminación. «Por ejemplo, el olor de una persona es muy particular y además es difícil de determinar si es o no ofensivo para los demás. Hay que tener mucho cuidado», aseguró Salazar. Sin embargo, Laurie Evans, directora de las bibliotecas de Dallas, considera que estas nuevas medidas no pertenecen a una ordenanza municipal, ya que son reglamentos administrativos que aprobó un comité interno. «Además, este nuevo código es el mismo que utilizan cientos de bibliotecas en todo el país. Nuestra intención nunca fue la de discriminar ni prohibir la entrada a los mendigos».