OPINIÓN
Demasiada vulgaridad
UNA IMAGEN intempestiva, inactual, casi un viaje en el tiempo: ¡Una tuna en el escenario! Una tuna, ya sabe usted: esos jóvenes que se visten de estudiante renacentista y se ponen a tocar guitarras y bandurrias mientras cantan viejas canciones. Hace sólo diez años, todavía eran una presencia común; hoy los tunos son -por desgracia, creo- una rareza exótica para turistas, y mucho más raro se hace aún verlos en televisión. Fue este fin de semana en Sábado noche , ese programa con el que TVE-1 parece haber apostado por los espectáculos para la tercera edad, que es una apuesta tan digna como cualquier otra (y más que muchas otras). Lo más relevante es la intensa impresión de inactualidad que produce esa estampa de la tuna, como otras muchas de este programa. Uno compara lo que sale en Sábado noche con lo que ofrecen los otros canales y es como si estuviéramos en dos países distintos. Así de fuerte ha sido la ruptura cultural en el último medio siglo, especialmente en la cultura popular. A cambio, la cultura popular está llena de leyendas urbanas que pasan de país en país y de ciudad en ciudad, de rituales importados, de personajes e historias nacidas en y para la televisión. Tal vez el mundo no haya cambiado, pero sí hemos cambiado de mundo. En ese sentido, que un programa de televisión apueste por la cultura popular del pasado, tal y como hace 'Sábado noche', tiene bastante interés: es una forma de mantener el contacto generacional. El reproche tiene que venir no por los contenidos -muy desiguales, por cierto, en este programa-, sino especialmente por el envoltorio, que es de una pobreza desoladora. Eso no concierne sólo a una escenografía un tanto rácana, sino también a unos guiones tan raquíticos como, por ejemplo esta semana, la artificiosa confesión de Nani Gaitán sobre lo «cabreadísima» que estaba. «¿Por qué estás enfadada?», preguntaba su contraparte masculina, mucho más modosa. Ese «cabreo» de Nani Gaitán es un poco la figura de Sábado noche : demasiada vulgaridad para una idea que no tendría por qué ser mala.