El tenor albañil
Costel Busuioc, inmigrante rumano afincado en Salamanca, conjuga su trabajo en la construcción con su pasión por la ópera

Costel Busuioc cantando junto a una hormigonera en una obra
La ópera no es un género para masas y menos una práctica habitual de un albañil para entretenerse mientras trabaja. Sin embargo, Costel Busuioc, un inmigrante rumano que hace tres meses decidió buscar su oportunidad en España, ameniza cada mañana a sus compañeros de obra con sus dotes de tenor. Su pasión por la música clásica y el canto le lleva cada día a practicar durante su trabajo en la construcción y ante un público, sus compañeros, que han aprendido ya el nombre de algunas de las canciones clásicas de todos los tiempos para hacer peticiones. Costel tiene 31 años, en Rumanía trabajaba como masajista en un centro de recuperación, pero realizó estudios de música en su pueblo natal, donde según explica, primero aprendió la música popular rumana para después acercarse al mundo de la ópera con sus complicadas letras. Esta afición, recuerda, le llevó a participar en varios espectáculos en los que mostrar su «impresionante voz», e incluso estuvo trabajando en una orquesta sinfónica de Rumanía, ya que domina varios instrumentos. La ilusión por una vida mejor hizo que dejara todo y emprendiera la «aventura de Europa», porque en su país es difícil salir adelante, confiesa. Ahora trabaja como albañil, un empleo que en principio nada tiene que ver con la música, pero que le permite en plena calle, practicar la Traviata, el O sole mio o Santa Lucía. Costel reconoce que le gustaría dedicarse a la música, que es su pasión y sobre todo a la clásica, en especial sinfónica, porque según afirma tiene cualidades para ello. Su voz es tan potente y melódica, que según explican sus compañeros, los vecinos cuando canta en la obra, salen a las ventanas para escucharle. Por todo esto, su propósito es realizarse como tenor y su sueño, llenar un teatro. Aunque en su interior aspira a alcanzar esta meta, confiesa tranquilo que es quizá imposible, ya que su edad es muy avanzada para dedicarse a la ópera y significaría dejarlo todo para intentarlo, una decisión arriesgada ya que aunque tiene la voz, aún le falta formación, añade. Costel, muy realista, explica que el no conocer el idioma le dificulta aún más la situación y en la obra está a gusto, con sus compañeros y con la familia que le ofreció un trabajo. Es precisamente esta familia quien más ayuda a su trabajador rumano. «Embelesados», según reconocen por su voz, están dispuestos a llevar a Costel a donde haga falta para que se conozca a su «obrero tenor». Este inmigrante rumano, como muchos que llegan cada día a nuestro país, carga con sus sueños en el equipaje, para llegar a Europa en busca de una oportunidad, que en pocas ocasiones tiene que ver con sus aspiraciones. A pesar de todo esto, reconoce que es feliz con su trabajo y sus compañeros, pero por si acaso, no cerrará sus puertas y en cada obra que trabaje seguirá marcando el ritmo en clave de ópera.