Presentó un repertorio en el que se alternaban grandes éxitos y sus nuevas composiciones
Furia latina a orillas del Bernesga

La cantante y compositora colombiana Shakira congregó anoche en León a miles de personas que no quisieron perderse su esperado concierto, una actuación enmarcada en la ambiciosa gira Oral Fixation Tour que la llevará por todo el planeta durante los próximos meses. Pese a la anunciada espectacularidad de la cita, el aspecto que presentaba el estadio Antonio Amilivia, con veinte mil personas reunidas según los organizadores, no era el absoluto lleno esperado. La distribución del escenario, que dejaba bastantes gradas inutilizadas, y una enorme 'calva' en la parte posterior del césped creaba una extraña sensación de vacío que el entusiasmo de los allí reunidos no consiguió paliar. Con puntualidad latina, media hora de retraso, Shakira irrumpió en el escenario a los acordes de Estoy aquí ganándose a la audiencia desde su primera vocalización. Vestida de negro, pantalón y camiseta, acometió con entusiasmo un repertorio que incluía temas como Te dejo Madrid, Don't bother, en el que mostró su actitud más rockera guitarra en mano, Antología, Hey you o Si te vas. Dominando la situación desde el primer momento, arropada con un montaje que deja poco a la improvisación, la artista se dirigió constantemente al público estableciendo una estudiada complicidad que se repite en todas las plazas en las que actúa. Tras ensalzar las bondades de la ciudad, y prometer que volvería a visitarla en un futuro, mostró abiertamente las cartas que rigen su inteligente trayectoria artística: «Una sola cosa más, quiero que se la pasen bien, esto es el negocio, yo canto y bailo para ustedes». Y lo hizo, con sabiduría, profesionalidad y ganas de agradar. Pese a algunos problemas con una de las pantallas de vídeo y un par de acoples en el sonido, la actuación de la colombiana fue irreprochable, ofrece lo que promete. Tras interpretar La tortura, ejecutando su famoso movimiento de cadera al que ha añadido una sugerente gimnasia pectoral convenientemente jaleada por el extasiado público, hubo un pequeño descanso con banda sonora de Erik Satie, un autor inapropiado para una cita de estas características, y volvió la furia a escena. Ataviada como una especie de crisálida, con un vaporoso vestido rojo que simulaba tener alas, la cantante interpretó el tema No. Una licencia poética que fue rápidamente subsanada ofreciendo su imagen más reconocible; sujetador plateado, ombligo al aire y melena desbocada para interpretar Suerte. Una banda compacta y eficaz, liderada por el norteamericano Tim Mitchell e integrada por el pianista Albert Menéndez, que acompañó a la colombiana al piano en la versión acústica de La Pared, Archy Peña, Ben Peeler, Brendan Buckley, Jon Button y Olgi Chirino, se encargaron de ponerle sonido de rock and roll, en ocasiones de una dureza sorprendente, a una convocatoria con innegable sabor latino marcada por su efectiva escenografía. Con Fijación Oral/Oral Fixation Tour, Shakira acomete la empresa más ambiciosa de su carrera artística, una gira calculada al milímetro con la que recorrerá Estados Unidos este verano afianzando una propuesta musical que ha hecho historia radiofónica en aquellas latitudes con el tema Hip's don't lie. U n récord más en la trayectoria de una mujer que también hizo historia anoche en nuestra ciudad, inaugurando el estadio Antonio Amilivia como escenario para un concierto y llenándolo considerablemente. Lo de Shakira comienza a ser un auténtico fenómeno social que trasciende lo meramente musical para adentrarse en la mitomanía.