La ministra de Cultura, amante de la música heavy del grupo Lujuria

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efe | madrid

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Se ha declarado seguidora de la música rock y sobre la mesa de su despacho en el Ministerio de Cultura, Carmen Calvo tiene un disco del grupo de auténtico heavy metal Lujuria y una carta manuscrita. «El disco es magnífico y me mandan una carta maravillosa», comenta la ministra en una entrevista. En la misiva, los integrantes de este grupo segoviano se declaran «comuneros». Ella les ha contestado, de su puño y letra: «Ánimo, chicos, hay que seguir teniendo ideales; gracias porque componéis y porque estáis aportando, esto no es karaoke», relata Calvo en un encuentro de más de una hora en el que habló sobre sus dos años largos de gestión. Opina que ha ido «a sitios donde nadie esperaba que una ministra de Cultura fuera», pero ha estado «donde creía que tenía que ir para escuchar, para aprender, para animar, para apoyar». En su agenda figuran representaciones y conciertos, entre los que habla, con especial entusiasmo, de la producción escénica que se impulsa desde su departamento, en concreto del Centro Dramático Nacional, dependiente del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música, y que dirige Gerardo Vera. «Por primera vez, las producciones son riesgo teatral», comenta Carmen Calvo, quien se hace eco de las últimas y buenas críticas al montaje de Divinas palabras , encargado de inaugurar el nuevo Teatro Valle Inclán, segunda sede del CDN, y que ahora visita Cataluña. Sin conflictos laborales «¿Y el Teatro Real?. Hemos sacado la danza del abono general de ópera para fomentarla, hemos establecido las entradas de último minuto con descuentos para los más jóvenes... Recibo la felicitación de los patronos más importantes», revela con manifiesta alegría la ministra, empeñada en que en el coliseo madrileño «pueda participar todo el mundo». Tampoco se olvida del Ballet Nacional de España -pilotado por el bailarín José Antonio- ni de la Orquesta Nacional de España -dirigida por Josep Pons, de la que, comenta, «nadie se acuerda» del conflicto laboral en el que estaba sumergida y que ahora se ha desbloqueado. No obstante, concluye: «satisfecha no se puede estar nunca, porque siempre queda mucho por hacer».

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