Es hermana de la protagonista de «Alatriste», que ayer volvió a León
Marina Anaya presenta en Sardón una obra apasionada y nocturna
Protagonizan sus cuadros el amor, la ironía y el ambiente de los clubes, los bares y los circos
Un beso tras otro¿ Singulares historias de amor en las oscuras cavernas de misteriosas boîtes iluminadas de rojos lujuriantes. Un beso más. Abrazos que se hacen eternos, seres que se acunan al ritmo nostálgico de un blues. Y otro beso. Pasiones que son solamente flor de un instante, frutos prohibidos de un momento congelado en el tiempo. Un beso. Eclosión que, cuan mariposa nocturna, morirá con un aleteo de sorpresa ante el primer destello el alba. Y besos, besos, besos¿ como una sinfonía interminable de nostálgicos homenajes a Klimt. Media noche es el título de una serie de cuadros en los que la pintora palentina Marina Anaya quiere congelar ese «punto mágico donde lo real y lo fantástico se confunden, donde los amantes se citan, donde las ilusiones pueden convertirse en realidad. Es la puerta de entrada a lo prohibido, lo fugaz, lo apasionado». Igual que Toulouse Lautrec plasmó la fantástica fantasía de las decimonónicas noches parisinas, Anaya ha querido llevar a sus lienzos esos clubes nocturnos donde el amor se compra a altos precios bajo la mirada indolente de las luces de neón, donde la mirada se esconde tras el humo de un interminable cigarrillo, donde la amargura acaba por transmutarse en ilusión. Y para su viaje al oscuro fondo de las pasiones humanas, de los dolores ahogados en güisqui, emplea un lenguaje directo, casi infantil, naïf, pletórico de ingenuidad. «Creo -explica- que mi obra no puede incluirse en ninguna escuela o corriente concreta. Creo que es el reflejo de un estilo personal, que podría pertenecer a alguien autodidacta, aunque ya he terminado la carrera de Bellas Artes y estoy haciendo el doctorado». Su intura tiene una gran dosis de ironía e, incluso, de buen humor. Su temática, personajes circenses y las pasiones de la noche, podría tener antecedentes válidos en los impresionistas de principios del siglo XX. «Trabajo mucho con escenarios como los clubes, los bares con esa atmósfera mágica de la noche, el circo¿ sí que podría coincidir con la pintura lúdica de aquel tiempo, pero trasladada a nuestros días». En cuanto a su paleta, a los colores de los cuadros que pinta, dice Anaya: «Me encanta el color, sobre todo empleo mucho los rojos. Me gusta que en mis cuadros haya mucha luminosidad. Y en sus cuadros se cuentan historias¿ «En ellos viven unos personajes que se interrelacionan, se besan, se miran, se dan la mano¿ su presencia cuenta historias y a veces también hay textos que ayudan al espectador a comprender el momento». Marina dio sus primeros pasos en el mundo del grabado, especialidad de la que hay una buena muestra en esta exposición. Además, también ha hecho sus pinitos en el mundo de la escultura. «Me interesa todo lo que tenga que ver con las artes plásticas -dice- creo que lo importante es el mensaje que se transmite, no importa demasiado el medio que se emplee. Yo, en este momento, estoy muy contenta con mis cuadros y mis grabados, pero en cualquier momento puedo emplear otras técnicas». Horario : de lunes a viernes de 11.00 a 13.00 y de 18.30 a 21.30. En la calle Juan Madrazo, 25.