| Análisis | Una historia de decadencia |
Un palacio real en derribo
La sede originaria de los Reyes de León sigue esperando que el Ayuntamiento apruebe un nuevo presupuesto para evitar que el edificio se desplome, como ocurrió con Don Gutierre

El palacio tiene el mismo aspecto que en el año 2004, cuando comenzaron y se detuvieron las obras
Parece que no se comprende muy bien la importancia de un inmueble como el del Conde Luna. Su valor no es sólo artístico; además del capital patrimonial, la importancia de este edificio es su riqueza histórica. Los artesonados descubiertos hace dos años fueron testigos de escenas capitales para la historia de España, tan esenciales como desconocidas para la mayoría. Margarita Torres quitaba el polvo a siglos de olvido y revelaba que el inmueble donde se había almacenado fruta fue en su origen sede de la corona del Reino de León. Qué ironías ¿verdad? La decadencia de la provincia puede escribirse siguiendo el proceso de declive del palacio. Tal vez por eso es tan importante su rehabilitación, porque es o podría convertirse en un símbolo de lo que fuimos, de lo que hemos terminado siendo y de aquello en lo que queremos proyectarnos. De entorno áulico, el lugar ha pasado a convertirse casi en un sitio invisible, tan olvidado que ni siquiera se sabe muy bien qué hacer con él, qué destino darle. Se pensó que albergara el Museo de Semana Santa y más recientemente hay voces que defienden que su interior acoja un centro de referencia que muestre la historia de la ciudad desde la Edad Media hasta nuestros días, recreando de nuevo los personajes y las escenas que se desenvolvieron en su interior. Sin embargo, y de momento, nada, ni siquiera su propia restauración, parece estar claro. De residencia real, el palacio pasó a poder de los Quiñones, linaje que entronca con la Casa Real leonesa a través de Vermudo II y Ramiro III. El cuarto conde de Quiñones fue uno de los que más esplendor otorgó a su linaje. Hombre de gran formación, hizo que artistas como Juan de Juni se encargaran de la ampliación del palacio, siguiendo parámetros puramente renacentistas. Cuenta la historia que este noble fue uno de los pocos consejeros reales que, enfrentándose a la opinión dominante, advirtió a Felipe II del peligro que escondía enviar la Armada Invencible a batallar contra los arrecifes de la reina Isabel. Otro de los capítulos desconocidos de la historia de los moradores del palacio es la que une León a la conquista de América. El conde don Luis contrajo matrimonio con la hija de Hernán Cortés, María, lo que suposo, entre otras cosas, la posibilidad -gracias al oro de América- de continuar la remodelación del palacio para adecuarlo a los gustos italianos de la época. A este momento se debe, por ejemplo, la torre toscana que puede verse desde distintos lugares del casco antiguo y que se concluyó gracias a la condesa Catalina Quiñones Cortés. Sin embargo, la muerte de esta se convirtió en el comienzo del fin. Las ausencias de la familia ponen fin a la relación entre los Quiñones y León y el lugar termina por convertirse, ya en el siglo pasado, en salón de baile, casa de vecinos, bar o tienda de fruta. Resulta imperativo hacer justicia a nuestra historia y enterrar el olvido.