Diario de León

Ignacio Encinas: «En León hay voces impresionantes»

El tenor de Grajal canta a las 20.30 en el Auditorio con la Sinfónica de Castilla y León, a las órdenes de Alejandro Posada, para poner el broche a los conciertos del centenario del Diario

Imagen de archivo de Encinas en un recital en el Palacio de los Guzmanes

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Publicado por
Miguel Ángel Nepomuceno - león
León

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Desde hace más de 25 años ha paseado su voz por los escenarios líricos del mundo siendo la zarzuela su mejor escuela. Ignacio Encinas ha consolidado una sólida carrera internacional y después de su debut hace tres años en el Gran Teatro del Liceu como Pollione en Norma, también los teatros líricos de España han reconocido las cualidades de su voz de oro. Tras su Marina en la Maestranza y después de haber inaugurado la temporada bilbaína con Turandot , su tardío debut en los grandes escenarios operísticos españoles viene apoyado por una proyección internacional impresionante, «porque como suele decir « aquí o te consagras antes fuera o sino te ignoran». Italia, Bélgica, Alemania, Francia conocen más y mejor a este tenor que en su propio país. Hora es de que las cosas vuelvan a su justo lugar y León siempre ha estado a la vanguardia desde hace 17 años como una de las ciudades donde más ha cantado. -¿Es realmente tan difícil cantar en España? -Decir difícil es decir poco. España al igual que sucede en otros países como Italia el problema hay que situarlo en la presión que ejercen los agentes artísticos, que muchas veces fuerzan a los teatros a aceptar para determinados papeles a voces de calado distinto al requerido para no perder el negocio. Y como al frente de los teatros -especialmente en Italia- suelen estar figurones de la política, que entienden poco o nada de voces... El resultado es perfectamente previsible. El ejemplo lo tenemos bien cerca. León tiene una cantera impresionante de voces en las cuatro cuerdas: sopranos, Marta Arce, una voz hermosa, seguras y poderosa, que no tiene que envidiar a otras de primer rango y ahí la tenemos. Soledad Gavilán, otra soprano que ya ha tenido oportunidades en el teatro de la Zarzuela y en León se la conoce muy bien. Pilar Vázquez, un portento como contralto que afortunadamente y después de varios años con escasas actuaciones fuera la ha llamado Zubin Metha para cantar el personaje de Erda en Walkyra y Sigfrido para esta temporada. Ana Castillo, otra soprano poco conocida a excepción de León; Isamel Álvarez un gran barítono que merece estar cantando en compañías nacionales; y José Bernardo Álvarez, un bajo de considerable voz, que actúa con la Capilla Real de Madrid y es una de nuestras mejores bazas canoras del momento. Bien, todos ellos están intentando hacerse una carrera que les cuesta Dios y ayuda, porque no tienen padrinos que les avalen y esto es lo más lamentable del hecho. -¿Son buenos entonces los concursos para darse a conocer? -Son un arma de doble filo. Si ganas, todo va bien; pero si quedas en los puestos de arriba y no te llevas el primero, entonces puede ocurrir que dejes la carrera por frustración y esto es lo más negativo de los concursos. Actuaciones como las que el Diario de León ha propiciado a lo largo del año dando oportunidades a jóvenes cantantes es una de las mejores iniciativas que se les puede ofrecer. Si a esto van unido los viajes, el estudio duro y las «amistades», tu carrera puede empezar a despegar sino te queda el extranjero pero ahí la vida es más difícil para un cantante de afuera. -Su repertorio actual está centrado en la tesitura de lírico y lírico spinto, lo que le permite una amplitud de roles importante. -Me centro más en la de lírico, porque se ajusta más a mi voz aunque hay tentativas de acercarme al spinto, más ancho..., pero de momento no quiero pasar de lírico. -¿Cómo ha planificado su repertorio futuro? -Pienso mantenerme en el que tengo actualmente, y las incorporaciones nuevas, en su caso, serán de roles de tesitura aguda. Las notas altas las he tenido siempre e ir a buscar ahora sonidos más oscuros o más gruesos no iba a reportarme beneficio alguno desde el punto de vista vocal. Pagliacci y Otello no son para mí. -¿Qué opina de los actuales directores de escena? -No se puede generalizar, pero hay casos sangrantes. Yo me he encontrado con puestas en escena en que no me reconocía a mí mismo. Desde pelucas ridículas o vestuario inadecuado al personaje, podría contar verdaderos horrores. Todo esto, así como determinadas posturas -en un Trovatore en Avignon tenía que salir maquillado como chino y gesticular como tal- pueden llegar a perjudicar el rendimiento del cantante, por no hablar de una colocación en escena que te obligue a forzar para hacerte oír. También algunas escenografías excesivamente abiertas por detrás pueden perjudicar la proyección de la voz. -¿Ha rechazado alguna vez un papel que no fuera con su voz? -Varios. Uno de ellos Il Tabarro, de Puccini, para el que hay que tener un gran centro. Cuando me lo ofrecieron, no lo tenía. También me invitaron a cantar Otelo y Lohengrin en italiano; ambos requieren mucha orquesta y hay que cantar muy fuerte, lo que no va bien a mi tesitura actual. Me gustan todos los papeles verdianos, porque en ellos me siento cómodo y la voz no se deteriora. -¿Hay algún director con el que se haya sentido más cómodo trabajando? -Ha habido muchos, como Miguel Ortega, con el que he hecho esta Norma liceísta; con el maestro Severini en Italia me he sentido muy a gusto; con Nello Santi, con Carminati, Guadagno... Eran directores que ayudaban a los cantantes, que conocían a la perfección sus voces y sobre todo las partituras y sabían dónde apianar a la orquesta para que se te escuchara, dónde cargar la mano y hacer que todo sonara como un volcán, en fin maestros de los que ya casi no quedan. Ahora van más a su lucimiento personal y se olvidan de los que damos la cara en el escenario. Ellos a fin de cuentas dan la espalda, como dijo con acierto Fleta a Toscanini. -Para Ignacio Encinas ¿qué es más importante, reservar la voz para los papeles que mejor le van, con lo que durará largo tiempo o quemarla en quince años con papeles gloriosos, pero menos saludables para las cuerdas? -Yo no tengo duda, reservar la voz y cantar solamente lo que le va en el momento concreto. No quiero ser como algún gran tenor que quemó su garganta cantando todo lo que se le proponía. La gloria, si es que la alcanzas, también la puedes alcanzar cantando los roles que mejor se adecúen a tu tesitura. -¿Cree que la ópera es elitista? -En estos momentos ha dejado de serlo, porque llega a un tipo de público cada vez más joven. Se ha hecho más internacional y cada vez se programa más ópera en los teatros de los cinco continentes. Eso es indicativo de que la lírica funciona y además llega con fuerza a todos los estratos sociales. En cuanto a los precios creo que, salvo contadas excepciones, son muy asequibles para todo tipo de público y es un espectáculo que, por poner un ejemplo, resulta más barato que el fútbol e igual que cualquier función de teatro o de música sinfónica, porque los precios se acomodan a las posibilidades de un público joven que puede pagar sin grandes esfuerzos 15 euros por una función e incluso menos. Todo depende de la afición y de las infraestructuras que ofrezcan variedad de localidades con diferentes costos.

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