Llueven piedras milenarias

En un mes se desprenden grandes bloques de piedra de la Catedral, San Isidoro y la muralla sin que los técnicos sepan las causas

Un joven resultó herido al caerle piedras de la cerca medieval

León

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En menos de un mes los ciudadanos leoneses han asistido atónitos -las instituciones, impasibles- al desprendimiento de grandes bloques de piedra de sus monumentos más emblemáticos: la Catedral, San Isidoro y las murallas. La pregunta es obvia: ¿Se cae a cachos el patrimonio? Sólo falta que algún técnico o político tenga a bien responder. La Junta, con plenas competencias en materia de Patrimonio, sólo parece haberse preocupado cuando se ha caído una segunda gárgola, cinco días después de que se desplomara la primera. Y la preocupación reside en dejar claro que no hay «abandono» -se supone que por su parte-. Además, la Junta ha contado con otro aliado de excepción, el alcalde de León, Mario Amilivia, que ayer cargaba las tintas contra el Ministerio de Cultura, y, más concretamente, a la actual titular, Carmen Calvo, ya que en un párrafo recuerda que Álvarez Cascos prometió reparar la cubierta y los arbotantes, aunque olvida Amilivia que quien ha llevado a efecto ambas obras es el actual Gobierno. De cualquier forma, los técnicos responsables de la muralla, San Isidoro y la Catedral han achacado a las lluvias la caída de bloques de piedra. La tesis resulta difícilmente creíble. Más original es la explicación que ha aportado el concejal de la UPL Alejandro Valderas, de la posibilidad de terremotos de baja intensidad. Sin embargo, nada explica que estos desprendimientos se produzcan ahora, cuando los citados monumentos, en algunos casos con ocho siglos de historia, han tenido que sufrir todo tipo de «inclemencias».

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