Diario de León
Verónica Viñas
León

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DEBERÍA existir algún organismo encargado de dictaminar si monumentos de la categoría de la Catedral reciben un trato adecuado. El Tribunal Tutelar de Menores, por ejemplo, puede quitar la custodia a unos padres que no desempeñen convenientemente tal función. Igualmente, si el propietario de la Catedral (la Iglesia) o la institución que tiene plenas competencias en materia de Patrimonio (la Junta) tienen abandonado el primer edificio en ser declarado Monumento Nacional, alguien debería tomar cartas en el asunto. Hay datos reveladores: con apenas 54.000 euros (una tercera parte de lo que cobra alguna «diva» de las que ha actuado en el Auditorio) habría una brigada encargada del mantenimiento diario y pequeñas reparaciones en la Catedral. Y ya se sabe que es más económico reparar una gotera cuando sale, que dejarla prosperar hasta que hunda un tejado. Mientras la Catedral de León ha recibido en los últimos doce años seis millones de euros (1.050 millones de pesetas de la Junta y 135 millones del Ministerio de Cultura, según datos del Cabildo), en la de Burgos se han invertido desde 1994 más de 24 millones de euros. Aunque las comparaciones sean odiosas, tal diferencia lleva a preguntar: ¿cuál es la razón? La Junta, ante el temor a que el desplome de dos gárgolas en la Catedral de León se convirtiera en un escándalo nacional, envió a apagar fuegos al director general de Patrimonio, Enrique Sáinz, quien se tragó el sapo como pudo. Dijo el enviado de la Junta que estos dos desgraciados accidentes no querían decir que la Catedral esté abandonada. Mientras no demuestren lo contrario, es difícil creer en las casualidades. De momento, nadie ha dado una explicación creíble de por qué se desplomaron las gárgolas y si podía haberse previsto el precario estado en el que se encontraban. Enrique Sáinz subrayó que estas gárgolas habían sido restauradas en 1998. No sabemos si con ello pretendía echarle el muerto a la empresa que las reparó, quien, casualmente, tiene ahora la responsabilidad de arreglar las vidrieras. Pero no valen tales argumentos. La Junta es la responsable última; y, si no lo es, que lo diga. Dos bestias valiosísimas -una gárgola con forma de cerdo y otra, de águila- se han perdido. Lo preocupante es que haya sido culpa de otro tipo de bestias...

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