Diario de León
Publicado por
MIGUEL ÁNGEL NEPOMUCENO
León

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ES UNA TRISTE paradoja que durante cinco siglos el Beato de Fernando I y Sancha permaneciera intacto en su lugar de origen, la Real Colegiata de San Isidoro de León, donde alcanzó a verlo Ambrosio de Morales en 1572, y sin embargo en tan sólo dos días y por obra y gracia de quienes regían los destinos de nuestra cultura escrita, se preste indolentemente para una exposición en el extranjero y regrese tocado de muerte y convertido para los restos en un despojo de manuscrito inutilizable porque la humedad le corroe día a día hasta su completa destrucción. Esto viene a plantearnos la eterna y siempre controvertida pregunta de por qué el patrimonio histórico-cultural de un pueblo tiene que salir de sus arcas para ser llevado hacia los museos nacionales, provinciales o privados con la excusa de que allí está mucho más seguro. Pero lo cierto es que gracias a estos patrimonios locales subsisten artísticamente muchos museos nacionales, porque han acumulado los bienes esquilmados a otros museos propios o foráneos, «los han heredado» o «desviado» de otros fondos a los que han tenido acceso a lo largo de los siglos, bien por compras directas, (pocas veces), por saqueos de guerras, enajenación o por pasotismo de los propios interesados que dejaban irse ante sus ojos, todo su rico tesoro patrimonial, víctimas de la incultura, del desinterés y del engaño. Sinceramente creemos que se nos está tomando el pelo, que políticos, especialistas, incluso los mismos investigadores y estudiosos de nuestro patrimonio, hacen poco o nada por denunciar los desmanes que diariamente se producen con él, limitándose a lamentarse en cenáculos «progresistas» y en cartas abiertas, o escribiendo en revistas especializadas que sólo cuentan más de los mismo. Lo sucedido con el Beato de Facundo es tan sólo una pequeña muestra del tremendo caos existente en torno al patrimonio artístico y cultural del país donde todos mandan y pocos obedecen.

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