| Entrevista | María José Conde Gueri |
«Crémer fue un incomprendido que quiso reformar el teatro»
La experta teatral aborda en esta entrevista las características peculiares de León en el terreno de la dramaturgia, destaca su evolución y subraya sus grandes nombres

María José Conde Gueri es profesora de la Universidad de León
La profesora de Literatura de la Universidad de León, María José Conde, es una de las coordinadoras de la obra La Edad de Oro de la Literatura Leonesa, que Diario de León ofrece a sus lectores los martes, miércoles y jueves. -¿Cómo ha gestionado una época tan densa para el teatro en la provincia? -Lo he distribuido en dos grandes bloques: Desde 1900 hasta 1970 y un segundo que comprende desde el 70 hasta la actualidad y lo he hecho de esta manera con la finalidad de dejar constancia de que el periodo previo a la Transición democrática tuvo también un momento importante para la creación teatral. -¿Podría concretar un poco? -Verá: en el primero de los bloques he establecido los siguientes epígrafes: Recuerdos decimonónicos (Antolín Gutiérrez Cuñado, A. López Núñez, «Lamparilla», entre otros), Teatro histórico-poético a la Vanguardia orteguiana de Nemesio Fernández (Anselmo Gómez), y Teatro Social (Francisco Pérez Herrero, S. C. Leonardo, entre otros). En el segundo de ellos, la obra compila G rupos teatrales y experimentación dramatúrgica, El teatro de Fermín Cabal, Un ilustre exiliado: Armando Llamas, El teatro de Paloma Pedrero , y Los últimos renovadores: David Martínez Vallejo, Celama a escena, entre otros . -¿Cuál considera que puede ser calificada como la etapa más revulsiva para el teatro leonés? -Creo que podríamos determinar que se pone en marcha a partir de los setenta y hasta 1980. La razón hay que buscarla en la experimentación dramatúrgica y más concretamente en el hecho de que los autores leoneses entran en contacto con Madrid a partir de la transición. De esos grupos surge gente tan válida como Fermín Cabal o Paloma Pedrero. -Y ¿en qué momento estamos ahora? -Ahora estamos ante el otro gran momento de renovación, debido a la aparición de una generación que crea su propia estética. Son autores totalmente libres, sin ataduras con el pasado, como David Martínez Vallejo o Silvia Zayas. -¿Cuál sería en su opinión la época más brillante? -Hubo un momento muy bueno en torno a los años veinte, que se caracterizó por el nacimiento de las vanguardias de entreguerras. Pues bien, en León hubo autores muy atentos a estos movimientos estéticos, como Anselmo Gómez, Pérez Herrero o Victoriano Crémer. -¿Qué pasó con el teatro durante la dictadura? -En el periodo de la dictadura no hubo renovación porque había que pasar por la presión de la censura. Puede decirse que Victoriano Crémer lo intentó y fue un incomprendido que quiso reformar el teatro. Pero, aparte de eso, el teatro quedaba restringido a asociaciones culturales, con un sentimiento muy provinciano que hoy ha desaparecido. -¿Cuál ha sido la evolución? -Entre 1900 y 1970 se escribía un teatro doméstico, de corte humanístico tras la línea de Benavente. De ahí se pasó al social de Pérez Herrero y Francisco Leonardo. La transición facilitó una comunicación con Madrid y el extranjero que llevó a la evolución en los temas, caso de Martínez Vallejo. Es a partir de ese momento cuando trabaja en León Alberto Miralles, mano derecha de Marsillac. Además, muchos actores leoneses trabajaron con compañías como Els Joglars. También entonces surgió una relación estrecha con el teatro castellano, donde había figuras como Miguel Narros y José Carlos Plaza. -Sin embargo, sigue echándose de menos una tradición teatral como en Francia o en Inglaterra. -Sí, y el ejemplo más claro es Armando Llamas, que se consagró en París hasta el punto de que los franceses lo consideran un autor suyo. Fermín Cabal, por poner otro caso, es conocidísimo en Inglaterra o Estados Unidos. -¿Por qué ocurre esto si en el Siglo de Oro éramos una potencia teatral? -La razón hay que buscarla en el hecho de que en el siglo XVIII hubo una imposición de teatro neoclásico que hizo que el público se alejara del teatro y se refugiara en el sainete. Así, se llegó al XIX y no se produjo una renovación teatral como la que tuvo lugar en otros países. Todo eso empieza a rectificarse con el siglo XX. -¿Puede que ahí esté también el fracaso del cine español? -Cine y teatro están estrechamente unidos aunque sean dos mundos aparte, hasta tal punto que hay actores de teatro que no valen para el cine y al revés. Ahora comienza la moda de actores de cine que se pasan al teatro. Para contestar a su pregunta: ambos entran en la categoría de espectáculos y, la realidad es que en España nunca se ha protegido el espectáculo. Por ejemplo, creo que la leyenda de los cómicos de la legua sigue vigente. -¿Hay actores que se mueven con facilidad en ambos mundos? -Hay honrosas excepciones, como Carmelo Gómez, que se mueven con maestría en ambos mundos. Hay que recordar que el actor leonés ha interpretado en el teatro La cena, La malquerida o La gata sobre el tejado de zinc . Además, es un gran intérprete cinematográfico. No hay más que ver su última interpretación en La noche de los girasoles o El método . También hay que recordar su participación en El perro del hortelano , de Pilar Miró, donde se conjugan ambos mundos. -Y ¿la respuesta del público? -El público va al teatro cuando le ofrecen obras de calidad. No hay más que ver que en el Auditorio nunca hay entradas. Lo que ocurre es que en ocasiones falla en ocasiones es la política cultural.