Diario de León

Un maestro en la maestranza

Bruno Aprea triunfa con «Tosca» en Sevilla poco antes de su regreso a León

Bruno Aprea y el director de escena Luca Ronconi

Bruno Aprea y el director de escena Luca Ronconi

Publicado por
Miguel Á. Nepomuceno - león
León

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No hay ninguna duda de que Tosca y Bruno Aprea se miran a los ojos desde el podio de la excelencia. La ópera de Puccini es tan consustancial al maestro napolitano, afincado ahora en Palm Beach, que las diferencias se advierten desde el mismo inicio de la obertura. Tempos elongados, fraseo puntilloso y sobre todo un sentido innato del drama musical que no sólo ayuda al espectador a seguir la obra «desde dentro» sino que los mismos cantantes la viven con otra perspectiva más introvertida, hacia la interiorización y el ser mismo de los personajes. Aprea conoce a la perfección su oficio y sabe donde debe dejar expresarse al cantante, permitiéndole respirar, lucir o elongar su exposición, mientras mantiene a la magnifica ROSS con pulso firme y atenta a sus cuidadas matizaciones a lo largo de las dos horas largas de representación. Detrás de todos ellos un grandísimo escenógrafo, Lucca Ronconi que ha paseado esta producción suya por los mejores escenarios del orbe desde el año 96 y que funciona como el primer día. Al levantarse el telón el espectador se encuentra con una perspectiva de la iglesia de Sant'Andrea della Valle, insólita, como si estuviera viendo su interior por un gran angular, con paredes que quieren desplomarse, muros en inclinaciones amenazadoras y una tarima en rampa demoledora para los figurantes. Ronconi quiso reflejar una época de deconstrucción, de desmoronamiento de los valores preestablecidos, de la lucha de clases, sobre las que todavía impera la mano férrea de una iglesia todopoderosa. Misha Didyk, en el papel de Cavaradosi, valiente en la emisión, entregado en el papel pero poco convincente en sus intervenciones. A su «Recóndita armonía» le faltó calor y un punto de lirismo, mientras que en el esperado «adiós a la vida», estuvo menos afortunado pues a la mala pronunciación unió un engolamiento ostentoso en las zonas de paso, calando alguna nota y manteniendo una línea de canto un tanto burda y desigual, con escaso legato y pobre color. Elisabete Matos fue un éxito esperado. De voz poderosa, centro homogéneo, agudo limpio y contundente, hizo una recreación de Floria Tosca impresionante, contenida y desafiante con Scarpia, pero puro fuego en cada frase con su amado Mario. Su Visi D'arte fue una lección de canto en el más amplio sentido del término. Mientras Guleghina alarga las frases para deleitarse en el dolor, Matos las matiza hasta lo indecible y si no fue tan explícita en su desgarro y rabia contenidos si en cambio fue creíble y humana hasta decir basta. Scarpia, Jacek Strauch, un soberbio barítono al que le sobra dominio de la escena y le faltan algunos graves en su poderosa voz. Espléndido en todas sus delicadas intervenciones y muy creíble en su malévolo personaje. El resto excelente, con un Spoletta de lujo en el tenor zamorano Emilio Sánchez, y un coro en estado de gracia, completaron esta magnífica producción en la que brilló con luz propia la segura batuta del maestro Aprea, un asiduo de León al que pronto volveremos a tener entre nosotros impartiendo su lecciones magistrales de dirección en el Curso de Eutherpe. Un éxito sin paliativos.

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