Una ausencia inexplicable
Ninguna de las diferentes propuestas elevadas a las autoridades para honrar la memoria de los monarcas prosperó: la paradoja está en que muchas otras ciudades españolas sí los han recordado

Ángel Muñiz Alique, durante el modelado de la estatua en su taller de La Virgen del Camino
En 1999 se encargó una estatua del rey Ordoño II al artista leonés Ángel Muñiz Alique, pero poco después todo fueron, según explica él mismo, «retrasos, incumplimientos y engaños». No se llegó a las cantidades acordadas en un principio y, formalizado un nuevo contrato el pasado verano, éste ni siquiera ha llegado a hacerse efectivo hasta la fecha. El resultado es que León sigue como siempre: con un pobrísimo recuerdo de los reyes por los que, en parte, nuestra región aparece (o debería aparecer) en todos los libros de historia: un monumento abstracto -de lo más insípido- situado junto a la glorieta de Guzmán el Bueno, los nombres de varias calles (algunas de lo más irrelevante); y, cómo no, la avenida de Ordoño II y la nueva avenida de los Reyes Leoneses. Personajes regios son también las infantas Sancha, Elvira y Urraca ubicadas en Ramón y Cajal. Si finalmente se diera el «sí» definitivo para acabar la estatua de Alique, la pregunta sería dónde instalarlo. Nadie parece saberlo. Se habló en un principio de la entrada de León, en torno a la avenida Europa, o también al comienzo de la avenida de los Reyes Leoneses. Anteriormente se habían presentado proyectos para situar reyes a lo largo de la ribera del Bernesga, del paseo de la Condesa o de la avenida de los Reyes. UPL también está estudiando este particular. La paradoja consiste en que muchas otras ciudades sí han elevado estatuas a estos reyes, por haberlas conquistado o fundado. Otro aspecto particular es que Ponferrada instalará en breve un monumento a su fundador, el rey Alfonso VI de León.