Poeta
«La poesía es el único acto creativo libre que existe en la actualidad»
El día 23 el poeta leonés recogerá en Madrid de manos del Rey el Premio Cervantes 2006 «En el leonés hay una mezcla de aspereza y de timidez»

Este mes Gamoneda recibirá el Premio Cervantes de manos del Rey
Una marea de libros, ordenados alfabéticamente según sus autores, puebla las paredes y los rincones del domicilio del poeta leonés Antonio Gamoneda, un reducto de tranquilidad a los mismos pies de la Catedral. Recuerda cómo aprendió a leer en pleno estallido de la Guerra Civil, gracias al único poemario publicado por su padre. «Con cinco años quedé condenado a ser poeta», reconoce con un esbozo de sonrisa nostálgica el último ganador del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. En estos días intenta reencontrar el silencio interior que le permita articular su discurso de agradecimiento por el Premio Cervantes 2006, que recibirá de manos del Rey Don Juan Carlos el 23 de abril (aniversario del fallecimiento del autor de El Quijote), en el Paraninfo de la madrileña Universidad de Alcalá de Henares. -Cuando usted contaba con tres años, y tras el fallecimiento de su padre, su madre decidió abandonar Asturias e instalarse en León. ¿Alguna vez le contó el por qué de su decisión? -Este asunto era una constante en nuestras conversaciones. Mi madre era asmática y el clima asturiano era muy malo para ella; los médicos le aconsejaron ir a Castilla, como allí se dice, 'a secar'. Se dio la circunstancia de que una amiga muy cercana suya, que era mi madrina de pila, se trasladó a León por motivos profesionales, y esto le animó a decidirse por esta ciudad. Probablemente no tenía el propósito de establecerse aquí de forma definitiva, pero como poco después llegó la Guerra Civil, prácticamente perdimos todo lo poco que teníamos en Asturias y nos quedamos, porque el cambio de clima a ella le vino ciertamente muy bien. Después, con el tiempo, yo ya no he querido salir de aquí. Aunque amo mucho Asturias, mi vida está en León. -Su padre era un poeta modernista y con su obra usted aprendió a leer. ¿Qué impacto le produjeron aquellas primeras lecturas? -Ese dato es curioso e importante para mí y mi escritura. Vivíamos el año 1936; en León hubo una depuración muy severa de maestros y las escuelas no se abrían. Yo, que entonces tenía cinco años, quería aprender a leer y el único libro que había en casa era el único libro que había publicado mi padre. Dando la lata a todo el mundo y preguntando por ésta y aquella letra, aprendí a leer con un libro de poesía. Ese hecho, con independencia de que el autor fuera de mi padre, me proporcionó algo muy serio: al mismo tiempo que empecé a conocer el procedimiento de la escritura, advertí un lenguaje que no era el lenguaje coloquial ni informativo habitual, sino que tenía otras virtudes en el orden de la rítmica y la sonoridad, donde las significaciones eran también de otra naturaleza. En cierto modo, desde los cinco años, di por bueno el pensamiento poético, que no tiene demasiado que ver con el pensamiento discursivo ni con el reflexivo. Por decirlo de alguna manera, desde esa edad quedé condenado a ser poeta. -Una demostración más de que los niños son seres mucho más receptivos a impregnarse de nuevos conocimientos. -Se trata de algo completamente cierto que yo he podido comprobar con mis propias hijas, que siendo muy niñas, más pequeñas aún de lo que yo era cuando empecé a leer, manifestaban una especialidad sensibilidad si escuchaban una lectura poética; es algo que ahora sigo comprobando con mi nieta. Los niños no tienen el prejuicio de que el lenguaje tenga que tener una lógica informativa convencional, son puros y privilegiados.