Diario de León

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El valor sin recompensa de Castaño

El torero leonés arriesgó hasta la temeridad con un lote de Palha que hizo imposible el lucimiento, y dejó claro que es un torero maduro y firme que no vuelve la cara al riesgo

Publicado por
María Jesús Muñiz
León

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Venían los nuevos propietarios del hierro de Palha a Madrid a demostrar el resultado de su selección, y venían los diestros dispuestos a reivindicar un sitio en el apretado escalafón de figuras de la temporada. El ganadero dejó claro que esto no es lo que era, los diestros que tienen cuajo y maneras para triunfar. Lo demostró el leonés Javier Castaño, firme, serio, muy decidido y con recursos. Intentó el toreo bueno y cuando no hubo opción se pegó los acostumbrados arrimones. En el segundo de sus toros, hasta poner el corazón de los espectadores de Las Ventas en un puño. Se dejó acariciar los muslos por los pitones del toro, despreció el peligro y no volvió la cara al compromiso. Pero la entrega, a decir verdad, no se fue reconocida convenientemente. Con su primer enemigo se fajó en los lances de recibo, después de que el primer toro hubiera dejado en el ruedo la impresión de que aquellos toros podían funcionar. Era un toro con gran empuje, pronto en el caballo al que intentó domeñar una embestida que pronto se rebeló bronca y difícil. Le molestó mucho el viento, lo que unido a la cualidad del toro de revolverse con prontitud le hizo sufrir algunos acosones. El toro culminaba el viaje con un brinco, que muchas veces llegó a la cara del torero. Le buscó una y otra vez, muy violento, y Castaño se la jugó. El público agradeció su valor, y el torero concluyó en cercanías, antes de rematar, mal, con los aceros. Al que hizo quinto se fue el leonés con paso muy firme después de brindar al público, e inició una tanda de rodillas de la que ya salió trompicado. No se arredró el torero, que intentó la faena ante un astado que entonces se mostraba noble, sosito, pero que parecía que se iba a dejar. Se cruzó para ejecutar las tandas en redonde y aguantó parones que más que dudas eran claudicaciones del toro. Pero a Castaño no le falló ni el ánimo ni los argumentos. El toro no tenía la transmisión que se esperaba de este hierro, y a esas alturas el público estaba ya decepcionado con el juego de los astados. Con todos los elementos en contra, Castaño se la jugó sin trampas a milímetros (a veces ni eso) de los pitones. Dio cuanto le fue posible. Pero al público, frío ya como la tarde venteña, no le pareció suficiente. Sánchez Vara abrió tarde con un toro de despertó las expectativas del público de ver una gran tarde de toros, con una embestida codiciosa y encastada al que el torero dominó desde la primera tanda. Realizó una faena basada en la mano derecha, bajándole mucho la muleta y llevando con limpieza la incansable embestida del de Palha. Por el lado izquierdo, al final, bajó algo el tono de la faena, se confió menos el torero. Dejó una estocada casi entera y saludó tras el arrastre, en el que el astado fue aplaudido. En el que hizo cuarto no fue posible refrendar la buena impresión causada con su primer enemigo. Colocó de nuevo banderillas con pulcritud y fue ovacionado, para iniciar después la faena con una tanda de rodillas, entregado. Una vez de pie no acabó de confiarse cn el toro, ni de encontrar el terreno, molestado por el viento. No se entendieron diestro y astado, y como además del toro no tuvo el empuje deseable en esta ganadería, la cosa acabó casi en aburrimiento. Acabó de pinchazo y media arriba, rematada con el descabello. Luis Vilches también estuvo muy decidido con su primer enemigo, que salió manseando, buscando los chiqueros, sembró el desconcierto en los primeros tercios. Muy firme ante un toro que embistió con velocidad, aunque con poca franqueza, bajó la mano para dominar una embestida algo rebrincada y no se descompuso en ningún momento. Por el izquierdo le molestó el viento, y aunque logró componer algunos naturales de buen trazo la salida desentendida del astado deslució el trasteo. Fue una faena larga, pero sin lucimiento posible. En el que cerró plaza la tarde ya se había puesto muy cuesta arriba. Igual que otros de sus hermanos, inició el astado la faena codicioso, para ir apagándose hasta llegar a una embestida pastueña que restó interés al trasteo. Que fue de calidad, en una faena basada en la mano izquierda, por la que dejó tandas con gusto, bajando la mano. Salieron pases largos y toreo reposado, aunque el toro acabó desarrollando la misma sosería que la mayoría de sus hermanos. Excepto el primero no tuvieron los de Palha emoción, y eso es lo fundamental que espera el público de estos toros. Así que no se dio importancia a la tarea de los diestros. Que estuvieron, todo hay que decirlo, muy por encima de sus oponentes.

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