| Crónica | Los gothas del arte contemporáneo |
Venecia desbordante
La Bienal de Venecia de este año, medida pero viva, se supera con récords de participación y de muestras de alto nivel gracias a su director, Robert Storr
Una mujer observa una obra del artista alemán Sigmar Polke
La 52 Bienal de Venecia abre este domingo este verano mágico de conjunción de citas sagradas del arte. Sucede raramente: coincide por una vez con la Skulptur Projekte de Münster (cada diez años), la Documenta de Kassel (cada cinco) y la gran feria de Basilea. Con estas vibraciones, Venecia bulle con miles de críticos, periodistas, galeristas y artistas que de forma bulímica tratan de hacerse rápido una idea de cómo es esta edición. La síntesis y las ideas vertebrales son siempre imposibles, pero aún más este año, en que se toca el récord de 76 pabellones nacionales y de 34 actos paralelos, multiplicados sin que se haya colado mucha medianía. Al contrario, fuera de los Jardines y el Arsenal, decenas de nombres de prestigio salpican el callejero veneciano. En total, más de 500 artistas. La Bienal, con más de cien años encima, sigue creciendo y exhibe buena salud. La primera impresión, por todo ello, es estimulante. Robert Storr, primer estadounidense al que se le ha encomendado la dirección, ha cumplido con profesionalidad. El título que ha elegido, 'Piensa con los sentidos, siente con la mente', ya es conciliador y no se ha dado a la creación ni se ha tirado a la piscina, con el riesgo que eso tiene. Su selección es medida y equilibrada, sin apenas espacio para la conmoción o la sorpresa, tampoco para el escándalo, cada vez difícil, por otra parte. No obstante, la carga política se extiende por muchos espacios. A Storr se le ve un poco el plumero: de los 97 artistas que ha elegido 19 son norteamericanos y se sube hasta 27 si se cuentan los que trabajan en EE UU. Luego está Francia, con ocho artistas, seis italianos, cinco japoneses y cuatro rusos. Dos centros creativos como Londres y Berlín apenas tienen representación. Una cuarta parte de los autores son mujeres y la media de edad es de 50 años. Hay muchos nombres conocidos y gente venerable, como Holzer, Nauman, Richter, Polke, Kuitca, Solakov, Bourgeois o Ryman. También las presencias póstumas de Jason Rhoades, fallecido el año pasado, y Sol Lewitt, muerto en abril. Aballí y Barceló La resaca de la anterior edición, dirigida por María del Corral y Rosa Martínez, se nota: sólo hay un español, Ignasi Aballí, creador peculiar y minucioso que trabaja con listas de cosas de efecto inesperado. También aparece un cuadro de Miquel Barceló en el pabellón africano, pues figura en la colección privada que ha sido tomada como base de la muestra. Check List Luanda Pop es la primera muestra de la Bienal dedicada a África y es la apuesta personal de Storr. Este continente también se ha filtrado a la muestra central con varias obras, entre ellas dos enormes tapices plásticos de El Anatsui, y hasta ha llegado al León de Oro a la carrera a Malick Sidibé, de 71 años, que recorría los caminos en bici con su cámara y sólo los sábados. También es la primera vez que este galardón se concede a un africano. El paseo por los formidables espacios del Arsenal encuentra mucho vídeo, fotografía, un cómic. Juegan a provocar León Ferrari, con cosas conceptuales como un Cristo crucificado en un avión de guerra, o el israelí Tomer Ganihar, con maniquíes heridos en Oriente Medio. La pintura resiste bien y hay hueco para el arte figurativo, como los retratos del iraní Kami. Puertas afuera, tiene mucho éxito la idea del Proyecto Morrinho, que ha levantado pequeñas laderas de favelas entre los pabellones.