Diario de León

| Entrevista | José María Merino |

«Es fantástico poder leer un cuento en el teléfono móvil»

El escritor leonés, que acaba de publicar el libro de microcuentos «La glorieta de los futigitivos», afirma que «media coma de más es suficiente para matar un microrrelato»

Publicado por
Miguel Lorenci - madrid
León

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Llegó por encargo a un género que no deja de darle satisfacciones. Tanto le agrada, que hasta escribió una ponencia encadenando microcuentos. José María Merino reúne ahora su «minificción completa», con textos inéditos y antiguos en La glorieta de los fugitivos ( Páginas de Espuma). Unas ficciones mínimas tan antiguas como modernas, propias de la China de hace tres milenios, pero que hoy podemos leer en un teléfono móvil. ç -Llegó al género por encargo y le tomó gusto. -Bendito encargo. Fue un poco por derivación desde la poesía. Mis poemas eran muy narrativos y fácilmente convertibles en microrrelatos. No era consciente de estar en ese registro hasta que hace quince años Antonio Fernández Herrera me encargó tres microrrelatos para una antología. -¿Reúne este libro todas sus minificciones? -Casi. Algunos son inéditos, otros estuvieron en Días imaginarios y Cuentos del libro de la noche y se suman aquellos del encargo. Hay incluso una ponencia irónica escrita en forma de veinticinco microrrelatos que presenté en un congreso del género y otros rescatados de publicaciones diversas. -Quintaesenciar y luchar contra el fárrago, como quería Gracián, ¿es el reto supremo del escritor? -Quizá no el supremo, pero sí un gran reto. Hay que experimentar, apostar por la concisión, la condensación y la precisión. Dar algo muy intenso en muy pocas palabras. -Si el cuento no admite errores ¿el micro aún menos? -Media coma de más puede matar un microrrelato. Esa es su servidumbre. Se piensa que la brevedad y la originalidad son suficientes, pero es una enorme trampa. He de ser breve, pero tengo que relatar. No basta un chiste o una ocurrencia. Hay que contar. -¿Hay medida microcanónica? -No lo sé. Iría de diez líneas a cuarenta. Ninguno de los míos supera el folio y medio. Pero no soy fundamentalista. Creo que Continuidad de los parques, de Cortázar, con dos páginas, es un perfecto microrrelato. -¿Qué lo diferencia del aforismo, el haiku o la fábula? -La frontera no es muy precisa. El haiku es exclusivamente poético y por lo común no narra. Habla de la huella de un pájaro, del pétalo de un lirio..., aunque los hay más narrativos. El aforismo es sentencioso y con un aporte filosófico. A veces se aproxima a la fábula, como hizo Monterroso. Aunque también los hay que llevan consigo una anécdota que los acerca al microrrelato, que, por encima de todo, insisto, tiene que contar. -Poco menos que milenario ¿es común a todas las culturas? -Es tan viejo como la propia ficción y, entre nosotros, casi milenario: tan antiguo como la literatura castellana. En tradiciones como la árabe o la china es también antiquísimo. Viene de la tradición oral. Es anterior a la escritura, aunque estemos descubriéndolo ahora. Es muy antiguo pero al mismo tiempo en ebullición. Se renueva en el siglo XX con una visión irónica, cargada de intención y metaliteratura que nace del simbolismo y del modernismo. Para las vanguardias fue todo un estímulo. Están los Crímenes ejemplares, de Max Aub, o las greguerías, que son en un 10% microrrelatos. Gómez de la Serna encontró con ellos un filón. -El más citado, casi siempre mal, es el de Monterroso, «El dinosaurio». -Tan mal citado como discutido, ese microcuento del dinosaurio es para mí hijo de El viejo sueño, de Chuang-Tzu, que es del siglo IV antes de Cristo. Además de despertar al dinosaurio, despertó el interés por el género. -¿Es más fácil ganarse al lector con un microcuento que con «Guerra y Paz»? -Al lector formado, sí. Un lector sin referencias, no se entera de nada. El microcuento juega su bagaje literario. -Si editorialmente el cuento lo tiene crudo, ¿qué pasa con el microrrelato? -Sobrevirá. Es una delicatessen para lectores con buen paladar. Es además un terreno de experimentación que abre fronteras y que interesa mucho a la gente joven. Y eso que es un punto de llegada más que de salida. -Ideal para teléfono móvil, ¿le parece aberrante? -Todo lo contrario. Es interesante. Hacer literatura y leerla a través de un mensaje sms es fantástico. Las nuevas tecnologías han cambiado las maneras de escribir, en especial lo que se llamaba arte epistolar. Todo se comprime, hay guiños y se abrevia radicalmente. Son formas instantáneas de comunicación que estimulan la imaginación. -Los micro ¿alimentan sus novelas, o viceversa? -No. Son compartimentos estancos. El cuento y el poema son iluminación, fogonazo. La novela es exploración. Una novela es un matrimonio a largo plazo y el microrrelato una aventura urgente. El cuento lo veo. La novela la investigo hasta saber dónde me lleva. En el relato prima la inspiración y en la novela la reflexión. -¿Qué elementos son primordiales del microcuento? -El humor, la ironía, la extrañeza. Y los referentes literarios, que son inherentes. En especial la ironía, que sirve para dar al lector la perspectiva necesaria. Y la eliminación de lo superfluo. Como en el relato, hay que ir al grano, al meollo. Exige además movimiento, mudanza, ir de a a b. Se presta más lo fantástico, pero vale cualquier cosa, como la receta de los calamares en su tinta que es la base de uno de los míos. -¿Prima la idea? -Desde luego. El chispazo es lo que produce su efecto. Hay textos breves que se regodean en los estético, pero eso pertenece al mundo de la poesía. La narrativa, aunque sea ultracorta, es otra cosa. -Cite a algunos grandes del género micro. -Rubén abre cauces, pero se queda antiguo. Juan Ramón Jiménez tiene unos microrrelatos espléndidos. Cortázar también, como los de corte erótico del argentino Marco de Neri. Las greguerías de Ramón, en muchos casos, entren de lleno en el género micro.

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