La película iraní «Buda explotó por vergüenza» logra el mayor aplauso del Festival de Cine de San Sebastián

La realizadora iraní, Hana Makhmalbaf, que ha fascinado en Donosti

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Boquerini - san sebastián
León

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La calidad y prestigio del cine iraní presentado en festivales internacionales es ya algo habitual. Las producciones de este país acaparan premios allá donde se presenten. El Festival de San Sebastián puede dar buena cuenta de ello, ya que en los últimos cuatro años, la Concha de Oro ha recaído en sendas producciones del país de los ayatolás, Las tortugas también vuelan y Media luna, ambas de Bahman Ghobadi. De esta edición, logre o no un premio, saldrá consagrada Hana Makhmalbaf, una joven iraní de 19 años que ha viajado al Afganistán de hoy para rodar en Bamiyán, el lugar en el que estaban las dos enormes estatuas de Buda del siglo III, que fueron destruidas por los talibanes, un hermoso cuento protagonizado por niños, que es una terrible parábola de la situación del país. Hana Makhmalbaf tiene un ilustre apellido del cine iraní. Su padre es Mohsen Makhmalbaf y su hermana mayor, Samira, ambos brillantes directores persas. Los dos restantes miembros de la familia también trabajan en el cine: su madre es guionista, y su hermano productor, que es quién ha producido Buda explotó por vergüenza. La película transcurre a lo largo de un día entre un grupo de niños que viven en cuevas escavadas en la montaña en la que estaban los dos budas gigantes. La protagonista, interpretada por Nikbakht Noruz, es una niña afgana de seis años que, viendo cómo un niño de la cueva vecina está ya aprendiendo a leer, siente la inquietud por ir a la escuela. Para ello deberá comprar un cuaderno, que conseguirá cambiando los huevos de su corral por pan, y vendiendo el pan para comprar el cuaderno. Le cuesta encontrar la escuela, y cuando llega, es la de los niños. La de las niñas es otra y está más lejos. Escena terrible El filme se detiene en los pequeños detalles, en la niña, siempre presente en todas las escenas, que se mueve sola por la zona, hasta llegar a una escena terrible en la que unos niños juegan a la guerra. Se creen talibanes, cubren la cabeza de la protagonista con una bolsa de papel a modo de burka, y con palos como si fuesen fusiles se la llevan presa amenazando con lapidarla.

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