La libertad creativa marcó su trayectoria con muy diferentes etapas
Muere el pintor Modest Cuixart, cofundador del grupo Dau al Set «Hay mucha tomadura de pelo disfrazada de vanguardia», decía
Renovó el arte contemporáneo junto a Joan Brossa, Ponç, Tápies, Arnau o Tharrats

Imagen tomada en el 2003 de Cuixart junto a su cuadro «Marbrina»
«Muchacho, que nada ni nadie hipoteque nunca tu libertad de creación». Este consejo recibido de Pablo Picasso, que valoró y siguió al pie de la letra, marcó la vida creativa de Modest Cuixart, pintor libérrimo y cofundador del grupo Dau al Set, que fallecía en la madrugada del miércoles a los 81 años en la residencia de Palamós (Girona) en la que estaba ingresado tras sufrir una grave caída. Sus restos serán incinerados y sus cenizas reposarán en el cementerio de la localidad gerundense de Palafrugell en la que residía. Cuixart había nacido en Barcelona el 2 de noviembre de 1925. Tras abandonar los estudios de medicina, inició su andadura plástica en la década de los cuarenta. Desde que en 1948 se integrara en el mítico grupo de la revista Dau al Set junto a Joan Brossa, Joan Ponç, Antoni Tápies, Arnau Puig y Joan Josep Tharrats, estableció uno hito renovador del arte contemporáneo español y europeo. Cuixart, que en la década de los cincuenta viajó por Europa y pasó largas temporadas en París y Lyon, trató de ser fiel a sí mismo. En el vasto corpus creativo de este creador libre conviven el informalismo, la abstracción, el surrealismo, el expresionismo, o aproximaciones al pop y la pintura matérica. Tendencias practicadas siempre con un prisma más que personal patente en sus pinturas, grabados, dibujos, objetos, figurines y escenografías. «Siempre obré con total libertad; no soy un fabricante de cuadros» resumía su trabajo. Sus piezas recalarían en grandes museos de arte contemporáneo como El Moma de Nueva York, el museo de Jerusalén o el Reina Sofía, y en las mejores colecciones, puesta en valor desde que en 1959 triunfara en la quinta Bienal de Sao Paulo. Se le abrían las puertas del bienal de Venecia y se reclamaban sus exposiciones desde la Unesco o el Guggenheim neoyorquino. Cuixart, que en las dos últimas décadas de su vida se entregó a una pintura más introspectiva, estuvo siempre orgulloso que haber logrado vivir de la pintura durante toda su vida. Eso era para él la mejor muestra de su independencia, aunque con lo mejor de su producción a la vista se confesara «insatisfecho». «El artista que se siente satisfecho de sí mismo y de su obra huele a chamusquina» afirmaba un creador que paso sus últimos años en Palafrugell. Allí estableció su fundación un Modest Cuixrat que decía sentirse «como Wagner, que ya a punto de morir en Venecia decía que por fin se sentía con capacidad para empezar». El Centro Cultural de la Villa de Madrid acogió hace una década una antológica que repasaba medio siglo de su trayectoria creativa y que reunió casi centenar y medio de obras. Mostraba entonces Cuixart su voz más crítica al analizar los derroteros del arte. «El progresismo más difícil es avanzar en la pintura. Ya está bien de tablas y cartones pegados; cosas así las hemos hecho todos hace ya treinta años. Hay muchas ocasiones en las que la experimentación es reaccionaria y mucha tomadura de pelo disfrazada de vanguardia. Quieren que pase por moderno algo que no lo es». «La pintura es seducir, no está concebida para epatar constantemente. Evolucionar en pintura es lo progresista, lo otro es reaccionario y hay mucha falsa vanguardia más que reaccionaria».