EL INVENTO DEL MALIGNO
Talentos
PARA EL AÑO que acaba de entrar se anunciaban varios estrenos. El primero de ellos ha sido, el mismo día de Año Nuevo, en Telecinco, Tú sí que vales, un espectáculo de Gestmusic sobre el ya típico patrón de unos aspirantes a artista que muestran sus habilidades ante un jurado que da y quita ilusiones; es decir, la mecánica de un casting convertida en espectáculo autónomo. El jurado en cuestión está compuesto por Noemí Galera, Ángel Llácer y Xavier Sardá. La puesta en escena de Tú sí que vales recuerda poderosamente a la de Britains got talent, un concurso semejante que se emite en la televisión del Reino Unido y del que hace poco teníamos noticia por el éxito de un joven aficionado a la ópera llamado Paul Potts. El programa de Telecinco reproduce el formato de Britains got talent incluso en detalles accesorios como la colocación del jurado, su composición, la situación del público, la presencia de un reportero entre bastidores. Aquí, como allí, tres jueces -dos hombres y una mujer, ésta en medio- se sientan en primera fila para evaluar los movimientos en el escenario y otorgar calificaciones y eliminaciones; a espaldas de los jueces, el público aplaude o abuchea no sólo a los artistas, sino también, a veces, a los jurados, y ocasionalmente determina el voto final; por el escenario van circulando gentes que hacen de todo, desde cantar hasta bailar pasando por números de magia. Lo que varía, desde luego, es el grado de comicidad, relativamente contenido en el original británico y deliberadamente manifiesto en esta versión española. Aquí, en lo de Telecinco, no aparece sólo gente deseosa de mostrar su talento, sino también frikis cuya única finalidad es hacer el ridículo; en consonancia con eso, el repertorio de las actuaciones se amplía y estira los límites de las artes escénicas hasta el umbral de la vergüenza ajena, traspasado con frecuencia; por otro lado, aquí la misión de los jueces no se reduce a juzgar y comentar, sino que Sardá y Llácer saltan al escenario, emulan a los concursantes y se convierten ellos mismos en objeto del espectáculo, y así vimos a Sardá izado en vilo por una señora (no sin esfuerzo, todo sea dicho) o inmerso en un número de danza clásica, y en ambos casos, por cierto, golpeado en los genitales, que ya es casualidad. Parece claro que, a la hora de buscar argumentos de audiencia, Tú sí que vales confía más en lo grotesco que en lo artístico. En la hermana británica, este concurso tiene por finalidad procurar nuevos nombres al star-system; no cabe descartar que la hermana española, aunque visiblemente más zafia, aspire a lo mismo.