Diario de León

Cantautor

«La gente ve al cantautor como un tipo que lo analiza todo, un ladrillo»

El más honesto de la última generación de cantautores españoles presenta el viernes en Studio 54 junto a su banda La Aristocracia del Barrio su álbum «Avería y redención»

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E. Gancedo - león
León

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Aquí no hay artificios ni colorantes ni conservantes. Hay «todo lo que sale del corazón» de Quique González (Madrid, 1973), poesía de esa no pretenciosa, de la real, la que remueve las tripas por lo sincera, directa, nostálgica y espontánea. Pasado mañana, viernes, en la sala Studio 54 -23.00 horas, 20 euros-, presenta su nuevo y enorme disco (por cantidad de temas y calidad) Avería y redención , junto a su banda La Aristocracia del Barrio. -¿Qué se siente al saber que usted acompaña a tanta gente en el coche? -Pues no lo puedes pensar demasiado porque entonces te despegarías de la realidad; y la realidad es que quien acompaña a toda esa gente son mis canciones, no yo. Ahora, es una gran satisfacción, claro, saber que conecto con algunas personas y que es posible esa conexión, esa comunicación. Eso es una maravilla. -En su día compré aquel primer disco suyo, «Personal», y a éste siguieron todos los demás... -¿Así que fuiste tú? (risas) -Creo que sí. Bueno, el caso es que su personalidad musical no ha variado desde entonces, ¿qué es lo que ha cambiado? -Quiero pensar que he ido mejorando y que lo que hago ahora es una versión mejorada de aquello. Sé que desde que empecé a grabar discos hace diez años he ido cogiendo experiencia, he aprendido muchas cosas de este oficio. He ido creciendo a la par que mi música. -Es usted un músico muy «social», gusta de colaborar y de recibir colaboraciones. Iván Ferreiro, en una entrevista en el Diario, decía que el Laboratorio Ñ había sido un «pequeño desastre»... -Supongo que porque al final se nos fueron de la mano ciertas cosas. Y sobre lo que dice Iván, no sé, para mí fue una experiencia buena, y lo mismo para Xoel, Leiva y los demás. Nos aportó cosas, y me consta que a Iván también, pero es verdad que él tenía más líos administrativos encima, y que era responsable de algunos marrones que nosotros no teníamos que afrontar. -Presente a La Aristocracia del Barrio para quienes no los conozcan. -Cinco tipos, una buena banda. Me siento parte de la aristocracia. De la Aristocracia del Barrio, se entiende, je je. No, en serio, quiero decir que no tengo la impresión de ser un solista al que le acompaña una banda. Desde aquel encuentro en Buenos Aires, cuando hicimos juntos dos canciones que aparecen en este disco, ha habido un paulatino acercamiento hasta hacerme sentir parte de ellos. Tenemos mucha afinidad, mucha conexión, nos encontramos muy a gusto trabajando juntos, y eso el público lo percibe. Somos un todo, un núcleo. -Sus desencuentros con las compañías discográficas han sido sonados. ¿Cuál es el problema de fondo que existe en este país entre creadores y productoras? -No es que sea conmigo, o que sea últimamente, es que siempre ha sido una relación complicada. Imagínate: ¿Cuánto debería haber percibido, en concepto de derechos de autor, gente como Robert Johnson, el padre de todo el blues y la música popular estadounidense? Si nos fijamos en ese caso, claro que hoy estamos mejor, hoy podemos vivir de la música. Pero, como digo, no es un problema actual, las cosas se han venido haciendo mal durante muchos años. -¿Y qué se debería hacer? -Haber creado una buena infraestructura musical, algo sólido, que permita que se apueste por la gente joven y con talento; aquí no ha sucedido eso. Por otro lado, es verdad que el sistema hace posible una cierta «selección natural» en cuanto a lo que es la música en directo, por ejemplo. -¿Cuál es la materia prima de sus canciones, de sus composiciones, siempre tan nostálgicas, situadas en autopistas, fiestas de barrio, áreas de servicio, noches interminables...? -Todo lo que sale del corazón. A ver, puede haber dos tipos de canciones, unas a lo mejor más narrativas, más observadoras, pero que también hablan de mí, en ellas sólo cambia la perspectiva. Y otras más confesionales, más explícitas... en todas ellas hay algo mío, algo mío profundo. -¿Hay dos públicos irreconciliables, el de Ismael Serrano y el suyo? -Nooo... Es bueno que a la gente le guste varios músicos y varios géneros a la vez. -¿Qué le pasa por la cabeza cada vez que oye el término «cantautor»? -Habría que acabar con todas esas connotaciones un poco negativas que tiene. Cuando piensa en el cantautor, la gente suele evocar a un tipo que analiza el mundo, que propone soluciones a todos sus problemas, que practica una canción política; un ladrillo, vamos. Yo no veo la canción de autor como un género; la canción de autor aglutina tendencias y formas muy diferentes. Eso no se sostiene ni siquiera en aquella generación que se inventaron de Pedro Guerra, Ismael Serrano y Javier Álvarez, tan diferentes. Pero bueno, tampoco me molesta la palabra. -¿Sigue viviendo en un pueblo de Cantabria? -Sí, en pleno monte, con mi perro, es el mejor lugar para trabajar. Y si quiero jaleo y rock, pues me voy a la ciudad, o a ver a mis amigos.

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