Diario de León

La artista, con un exquisito programa, ofreció un brillante recital en el que quedó probado por qué es una de las grandes

La Caballé es mucha Caballé

El público aclamó a la soprano, cautivado por la maestría de la excepcional diva catalana

Caballé sufre problemas de rodilla, por lo que empleó una muleta

Caballé sufre problemas de rodilla, por lo que empleó una muleta

Verónica Viñas
León

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La Caballé es la Caballé. El público leonés sabía anoche que asistía a un concierto histórico. Una ocasión excepcional para escuchar a la gran diva catalana, cuyas actuaciones, a sus 75 años, son cada vez más esporádicas. Puede que Montserrat Caballé no esté en su mejor momento vocal, según cuentan los especialistas, pero al público le sonó a gloria. No en vano es y será una de las grandes voces líricas de todos los tiempos. Minutos antes de aparecer en el escenario, la soprano, con una humildad digna sólo de los grandes, ofreció un «posado»: un auténtico regalo. Sobria y segura, vestida con esa sonrisa que jamás la abandona, se presentó ante el público leonés para cumplir una vieja promesa. Hace 17 años, cuando actuó en el Palacio de los Deportes invitada por el Diario de León, prometió volver a actuar en esta ciudad cuando hubiera un auditorio. La Caballé es una mujer de palabra. Hace meses que se agotaron las entradas para el recital de anoche, uno de los más esperados de la temporada y de la historia del Auditorio, que inauguró sus puertas con José Carreras y aún tiene la asignatura pendiente de traer a Plácido Domingo. La Caballé eligió exquisitamente el programa. Un recital con piezas de Donizetti, Mascagni, Gounod, Turina, Caballero..., que la soprano domina a la perfección. Obras, en la mayoría de los casos sobradamente conocidas por el gran público, con las que supo calar en el corazón de los espectadores. El público leonés, poco efusivo y habitualmente «tacaño» en aplausos, brindó una sincera y larga ovación a la Caballé. La soprano, generosa siempre, cercana y receptiva al calor del público, ofreció las esperadas propinas musicales, en una de las mejores veladas que ha conocido el Auditorio. En el patio de butacas, en el «fondo sur» y en los palcos, espectadores habituales y muchos ocasionales, de los que sólo acuden a la llamada de los divos del bel canto, pero ausentes el resto del año de un Auditorio que necesita llenar en cada concierto para poder reclamar al Ayuntamiento un programa como el de la actual temporada, sin recortes presupuestarios ni mermas en la cantidad y calidad de las actuaciones. Elogios al Auditorio La soprano catalana tuvo palabras de elogio para el Auditorio Ciudad de León: aseguró que era un escenario «magnífico» y con unas «estupendas condiciones acústicas», donde las notas buenas suenan muy bien, «pero las malas también se notan más», advirtió. Montserrat Caballé, que subió al escenario ayudada por una muleta, al parecer por problemas en una rodilla, también se congratuló de que el auditorio tenga una plataforma para personas «heridas como yo, aunque sea accidentalmente». La soprano, que se cambió de traje en el intermedio, tuvo en el pianista Manuel Burgueras al mejor de los cómplices, con una actuación brillantísima. La soprano, que hizo gala en todo momento de su legendaria simpatía, acabó también aplaudiendo a su acompañante. Al finalizar el concierto, antes de las tres propinas que regaló al público leonés, la soprano fue obsequiada con varios ramos de flores y varios minutos de emocionados aplausos y bravos. El concierto, en el que en algún momento el público más especializado pudo darse cuenta de que la diva no está en su mejor momento, aunque también hay que tener en cuenta las dificultades físicas para mantenerse en pie, resultó, sin embargo, muy emocionante. El público, consciente de que se trataba de una ocasión excepcional para ver a una de las últimas divas del bel canto, supo agradecer la acertadísima elección del repertorio. Definitivamente, la Caballé es mucha Caballé.

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