Diario de León
Publicado por
JOSÉ JAVIER ESPARZA
León

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HA EMPEZADO la Eurocopa y Cuatro ha roto a ofrecer imágenes del magno acontecimiento. El sábado, a eso de las cinco y media, tuvimos la primera cita seria: ceremonia de apertura y partido inaugural. Como espectáculo de masas, para ser sincero, la exhibición austro-suiza tuvo gusto y matemática, pero resultó más bien pobretona, incluso menesterosa. Fue pobretona por el relato que daba flujo a la ceremonia: dos o tres alusiones a los atractivos turísticos más convencionales del área alpina, desde los deportes de invierno hasta la corte de los Habsburgo pasando por las estampas de verdes valles llenos de vacas. En la memoria del público quedará, seguramente, la singular estampa de unas vacas de cartón piedra avanzando al paso de la oca sobre las cabezas de la muchedumbre. Y fue menesterosa por los medios puestos a disposición: un millar de voluntarios -legión bastante exigua para lo que en estas fiestas es habitual- describiendo figuras geométricas sobre el césped -o, más bien, sobre la lona que lo protegía-, algunos alardes mínimos de vestuario y, después, fuegos artificiales de brevísima composición. Concedamos que la realización televisiva tampoco ayudó mucho a dar brillo y realce al festejo, porque la cámara anduvo por entre las gradas casi tanto tiempo como sobre el césped; tenía su gracia ver la reacción de la gente al descubrirse en la pantalla gigante del estadio, pero eso es algo que uno puede ver en cualquier parte y no justifica que se robara imagen al espectáculo. Sobre todo, las cámaras fallaron en dos momentos determinantes de la ceremonia: primero, cuando los fuegos artificiales giraron del blanco al rojo, cosa que para el discurso festivo era muy importante -es el leit-motiv dominante en la estética de esta Eurocopa, por los colores de las banderas austriaca y suiza-, pero que no pudimos ver porque la imagen viajó hacia detalles secundarios; después, cuando se nos impidió ver el momento en el que la organización retiraba la lona que protegía el césped para dejar la hierba al desnudo y que pudiera comenzar el primer partido. El comentarista de Cuatro, ponderando la «eficacia suiza», había subrayado el desafío: ¿Cómo quitar en tiempo récord esa gigantesca lona, no menos de 2.400 metros cuadrados a ojo de buen cubero, para que los futbolistas del encuentro inaugural saltaran al campo? Nunca lo sabremos: la cámara se quedó congelada en los futbolistas que esperaban en el túnel de vestuarios, dos cohortes de tensos señores que bufaban y movían el cuerpo, encabezadas por el trío arbitral, que no estaba menos tenso ni menos bufador. Cuando la imagen volvió al campo, allí ya no había lona, sino césped, ni vacas, sino futbolistas. Comenzaba la Eurocopa. A ver qué da de sí.

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