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León

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Fuera porque era la primera vez y había que ser riguroso, o porque se intentó que el rigor fuera una forma de ser en la plaza de toros de León, lo cierto es que en aquel primer festejo celebrado en El Parque la autoridad fue realmente competente. Ningún infractor se salvó de la sanción ni de ver su nombre publicado en los derechos de multas. Varios espectadores, el ganadero y el subalterno de Dominguín tuvieron que aflojar el bolsillo y reponer el daño causado. En el caso de los espectadores, tuvieron que pagar una multa de 25 pesetas cada uno «los individuos Daniel Franco Franco, vecino de Bustillo del Páramo; Antonio Berciano, de Castrillo de la Valduerna y Lucio Manjas, de Armunia». La causa de la sanción fue arrojar almohadillas al ruedo una vez hubo finalizado la lidia. El doble, 50 pesetas, tuvo que paar Miguel Morán Turrado, de Castrocalbón, por «lanzar una botella al ruedo lastimando con la misma a un espectador». El castigo económico más elevado le correspondió, sin embargo, al ganadero: «Por insuficiencia de peso en las reses lidiadas el día 24 en la plaza de toros de esta capital, el Ilmo. Sr. Dr. General de Seguridad ha impuesto una multa de 1.000 pesetas a D. Felipe Bartolomé, de la ganadería de Santa Coloma».

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