700?
YO QUERÍA hablar hoy del retorno de Mentes criminales , que vuelve sin Mandy Patinkin, el inolvidable Iñigo Montoya de La princesa prometida . Pero no va a quedar más remedio que hablar de 700 euros, diario de un call-gir l, la nueva producción de Diagonal TV para Antena 3. En los foros de Internet he leído ya críticas extremadamente acerbas sobre este producto. Creo que, en general, todas tienen razón. 700 euro s es indefendible la cojas por donde la cojas. Para empezar, la serie ha elegido un eje temático del que ya vamos estando hasta el gorro: la prostitución de lujo, asunto que en el último par de años hemos visto no menos de diez veces en televisión, generalmente bajo el tratamiento de información-morbo, ese nuevo género de la pantalla española. ¿Por qué tanto interés en la prostitución de lujo? Las respuestas darían para otra columna, pero más en el registro de la divulgación médica, ramo de las monomanías, que en el de la crítica de televisión. Después, la cadena (o tal vez fue la productora) anunció que la serie era muy novedosa porque nunca se había tratado ese mundo de la prostitución de lujo en la tele; decían tal cosa a los pocos meses de que cerrara la tienda Sin tetas no hay paraíso (¿o era «Con tetas y a lo loco»?), uno de cuyos ejes argumentales era precisamente ese. Ahora, una vez llevado a pantalla el engendro, a uno se le cae el mando a los pies. 700 euros se presentaba con un reparto que permitía hacerse algunas ilusiones; todas han quedado defraudadas. Los actores se mueven por el escenario como si estuvieran en un teatro de aficionados, lo cual suele ser culpa más del director que de los actores. Los diálogos son forzados, artificiales, que el curso de la acción se hace inverosímil (para la historia cómica quedará la escena de un joven que invocaba a gritos espontaneidad y naturalidad). Los personajes están pintados con trazos tan simples, gruesos y elementales, que parecen no ya de cómic, sino de tebeo. Las situaciones se han compuesto con instrumentos tan tópicos que uno sabe lo que va a pasar desde el mismo momento en que comienza cada secuencia (pienso, por ejemplo, en la bochornosa escena de la infidelidad del malvado novio de la protagonista con la hermana de la misma; bochornosa no tanto por lo inmoral como por lo primario). No hay columna suficiente para consignar todos y cada uno de los agujeros por donde hace agua este barco. Da la sensación de que esta serie ha buscado antes el impacto fácil que la construcción de un relato. Impactar, impacta, sí: por lo mediocre que es.