El escritor impartió un curso sobre su obra en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo
Martín Garzo: «Si leemos es para vivir con mucha más intensidad nuestra vida»
El autor reivindicó, por encima de todo la intensidad en la vida, en el arte y en la literatura
El escritor Gustavo Martín Garzo cree en el poder de las palabras y defiende que una de las grandes misiones de la literatura es hacer visible esa vida invisible que todo el mundo lleva y que, a su juicio, es la verdadera, aunque esté hecha de deseos, de sueños y de silencios. «Nos asomamos a la literatura para asomarnos a ese mundo, porque es el que realmente nos importa», dijó el autor de La princesa manca a sus alumnos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, que le ha invitado a impartir un curso sobre su obra. Pero él no ha querido centrarse sólo en sus libros, sino hablar de literatura que, en su opinión, es tanto como hablar de la vida. «Si leemos es para vivir con más intensidad nuestra vida», ha sentenciado. Martín Garzo eligó como título para sus clases Las preguntas del amor porque, a su modo de ver, vivir es preguntarse aunque las preguntas más decisivas, que son de las que precisamente se ocupa la literatura, sean aquellas que no tienen respuesta. Escribir es también, para el autor de El lenguaje de las fuentes, habitar una ínsula extraña, donde se entabla una conversación «con los ausentes, con los desaparecidos, con los que no pueden hablar», además de una obsesión. «Yo ahora no sabría vivir sin escribir y cuando termino un libro, me quedo en una situación de desamparo porque un libro es un lugar donde ir, como un apartamento secreto», confesó. «Cuando el libro se publica -argumentó- ya no se puede regresar a ese espacio secreto y entonces hay que buscar otro, que se cree que va ser diferente pero al final es igual». Y es que, según este autor, los escritores vuelven a contar una y otra vez las mismas historias, ya que necesitan volver a sus obsesiones. Martín Garzo, que nunca había soñado con convertirse en un narrador, porque él lo que quería era ser poeta, ha reivindicado, por encima de todo, la intensidad, en la vida y en el arte, y se ha mostrado convencido de que la literatura nunca puede ser un hábito, sino una pasión. Y además contagiosa.