Diario de León

| Reportaje | Nueva temporada artística |

Nada es lo que parece: 88 féretros, pateras y las playas de Marilyn

El Musac inaugura hoy temporada con Chus Gutiérrez, Paul Pfeiffer, Terence Koh, Ballester y Cidrás

Detalle de la exposición del artista gallego Salvador Cidrás, titulada «24 horas 10 minutos»

Detalle de la exposición del artista gallego Salvador Cidrás, titulada «24 horas 10 minutos»

Verónica Viñas
León

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Nada es lo que parece. El Musac emprende hoy su undécima temporada expositiva con seis propuestas que, sin hilo conductor ni nexos de unión, suponen la apuesta más teatral de cuantas ha albergado este museo de arte contemporáneo, al que cabe reconocerle el mérito de no ser repetitivo y de apostar por la sorpresa. Aunque aparentemente nada tienen en común ni en lo personal ni en lo artístico Antonio Ballester, Chus Gutiérrez, Salvador Cidrás, Terence Koh y Paul Pfeiffer, de forma casual consiguen convertir el centro de arte en una caja de magia. La exposición del espacio vitrinas, Fake (falso), en la que se hace un remake de la glamurosa revista Hola! , bien podría dar título a todo el conjunto, en el sentido de que la primera impresión puede ser equívoca. La rebelión del arte naif Pese a la teatralidad de Koh, Pfeiffer o Cidrás, el artista «revelación» es Antonio Ballester, quien en el Laboratorio 987 -la sala más experimental y reducida de tamaño- nos muestra la esencia de las cosas importantes. Con un estilo que recupera las mejores virtudes del «naif» -desde el punto de vista de la sencillez-, cada cuadro de este artista madrileño es el relato de esa historia que es la vida y que, en definitiva, está hecha de pequeñas cosas. Ballester reivindica la comunicación con el espectador a través de una pintura aparentemente «fácil», algo sorprendente en un mundo donde no siempre está claro si uno contempla una bolsa de basura o una obra de arte. Cadáveres exquisitos El artista chino-canadiense Terence Koh propone un juego de dualidades: vida y muerte, negro y blanco, ying y yang¿ Bajo el título Love for eternity (amor para la eternidad), que ocupa 1.200 metros cuadrados, el artista presenta una producción marcada por el secretismo, la mascarada y el misterio. Aparte del gran impacto visual, subyace una intensa metodología de trabajo. Para algunos, lo mejor de Terence Koh es el propio Terence Koh. Un artista absolutamente excéntrico y con una explosiva mezcla de ingredientes culturales que arroja sobre el espectador sin que sepamos si él los ha digerido primero. Los fanáticos de la numerología encontrarán decenas de guiños. El primer «engaño» es su fecha de nacimiento. Koh siempre cambia el lugar y el año en cada exposición, quizá en un intento por reinventarse. La primera sala, de un blanco inmaculado -no apta para fotofóbicos- ofrece algunos de los elementos que han marcado su trayectoria vital. Desde la vida Koh nos adentra en la muerte, a través de 88 féretros (sin olvidar que el ocho, girado, es el infinito; y, en este caso, el doble infinito o, lo que es lo mismo, la inmortalidad). 88 féretros hechos «a medida» del artista. En ellos ha encerrado dos «pinochos», tras una extraña ceremonia en la que quemó unos mensajes, los untó de grasa y, posteriormente, impregnó estos residuos sobre los muñecos, a los que es difícil de localizar en los ataúdes. Otra obra son 222 neones dorados colgados de vigas de oro puro. En otra, recrea la famosa cena de Da Vinci, con los apóstoles convertidos en esqueletos negros, y en la que el propio artista se representa muerto. La última obra sólo se podrá contemplar los domingos a partir de las 20.30 horas. Se trata de una vela en forma de letra omega, suspendida de un cable medido a la altura del corazón de Koh. Hoy ofrecerá además dos performances; en una de ellas unos niños devorarán la lápida de Koh (realizada en azúcar). La otra cara de la vida El reconocido artista norteamericano Paul Pfeiffer con su Monólogo trata de mostrar las distintas perspectivas de la realidad. Su exposición evidencia más que ninguna que nada es lo que parece. Una de sus obras más llamativas recrea la famosa ducha de Psicosis , de Hitchcock. Pero hay más «escenarios» cinematográficos, en los que se aprecia la inclinación de Pfeiffer por el cine de terror, como una instalación inspirada en el filme Poltergeist . Más impresionante es su corredor vertical, que invita a mirar por un agujero para averiguar qué hay al final de una gruta. Una diminuta apertura en la pared nos da otra perspectiva de esta escena; y, finalmente, en la «cara oculta» hay una puesta de sol. En 24 landscapes (paisajes) Pfeiffer ofrece una serie fotográfica de playas silenciosas y vacías. Se trata de un conjunto de instantáneas en las que el artista ha hecho desaparecer a la protagonista: Marilyn Monroe. El drama viaja en patera La cineasta Chus Gutiérrez, «vieja» conocida del Musac, narra el drama de la inmigración. Partiendo de su documental Retorno a Hansala - que hoy se proyecta en los Cinebox- el Musac acoge una exposición que «desmenuza» este filme. En el museo el público podrá contemplar desde el making off de la película, un documental del rodaje y una serie de fotografías del filme, todo ello realizado por los artistas Alfredo Cáliz, Rogelio López Cuenca y Montserrat Soto. La quimera de la juventud Bajo el títiulo 24 horas 10 minutos, el artista gallego Salvador Cidrás se sumerje en el siempre conflictivo mundo adolescente. La exposición incluye una instalación sonora -un grito para estremecer al espectador-, así como un gigantesco mural. El mural, que semeja una enorme piel de plata decorada con dibujos hechos con plantillas, da idea de esa etapa vital frívola y marcada por los estereotipos. El Musac reabre hoy sus puertas al público para mostrar unos «escenarios» que no son lo que parecen. Hace falta mirar detenidamente cada obra...

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