Una vida al límite
Amigos inyectándose heroína o los pies de un muerto están entre las mejores fotografías que el leonés Alberto García-Alix ha hecho en los últimos 30 años y que ahora muestra el Reina Sofía

Amigos inyectándose heroína. Rostros derrotados. Desnudos de mujer desmintiendo sus encantos. Los pies de un muerto con la identificación colgándole de un dedo. Alberto García-Alix en estado puro. Cumplidos casi los diez años de la concesión del Premio Nacional Fotografía a este artista leonés, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ha querido recompensarle con una selección de sus obras. «Nos dijo que no deseaba una retrospectiva sino un viaje a través de su memoria, y lo hemos respetado», precisó el director del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel. La muestra, de 200 instantáneas, mezcla fechas y escenarios, gentes y recuerdos, pues el hilo argumental «no es la anécdota ni la cronología», sino «una voluntad introspectiva de encontrar en mí lo más esencial». Una vida llena de presencias y ausencias, sobre todo ausencias, las de muchos amigos y amigas que se quedaron en el camino, con la jeringuilla prendida del brazo. «La heroína destruye toda ambición de ser; la heroína tiene un precio que hay que pagar<, dice la voz en off de García-Alix en un escalofriante vídeo que arma y da sentido al contenido de la exposición. En él, el fotógrafo leonés, de 52 años, va explicando con contundentes frases --a veces desoladoras- una vida al límite que supo encontrar el asidero de la fotografía». «La droga es el fracaso narcotizado». «¿Estoy huyendo o estoy buscando?». «El primero en morir del grupo fue mi hermano; la primera en nacer, a los pocos meses, su hija». «Éramos jóvenes irreverentes que nada nos saciaba; vivíamos una épica destructiva sin ningún tipo de disciplina; yo me salvé porque tenía una disciplina, sólo una, pero la tuve: la fotografía». Las palabras de García-Alix complementan las imágenes del vídeo, las mismas imágenes que cuelgan -mudas- de las paredes del Reina Sofía. Inéditos Los trabajos están realizados entre 1976 y 2008. «Buena parte de ellos nunca han sido mostrados al público», afirmó Nicolás Combarro, comisario de una muestra que lleva por título De donde no se vuelve. « Alrededor de 50 obras son fotografías de época o vintage, procedentes de la colección particular del artista; el resto son piezas de nueva producción». No le gusta que le llamen fotógrafo de la movida' «Nunca tuve ese interés ni esa vocación». De su ciudad natal guarda pocos recuerdos. Cuando tenía nueve años se trasladó con su familia a Madrid. En la capital se hizo amigo de un fotógrafo aficionado. Allí empezó todo. «Sabemos que una colección de retratados es una colección de futuros cadáveres, pero queda ese anhelo de presencia porque siempre hay detrás un fotógrafo y un ojo que ve la escena». Algunas fotografías -todas son en blanco y negro- muestran edificios con ventanas alineadas. «Son como los nichos de los amigos que se han ido quedando». A diferencia de otros profesionales que pasean por la vida para ver qué cazan, García-Alix ha utilizado este medio como catarsis de su propia existencia. En los comienzos hacía click de forma espontánea, intuitiva, pero poco a poco fue «domando las intuiciones», señala Combarro.