Diario de León

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«¿León? ¡Qué buen clima para coger una pulmonía!»

Martín Turrado evoca en su libro «Por mis tierras de León» las costumbres del Jamuz y una capital llena de personajes como un mecánico de coches de choque o el peculiar «Charlie Bufas&raquo

Martín Turrado Vidal ha publicado, además, siete libros sobre la Historia de la Policía Española

Martín Turrado Vidal ha publicado, además, siete libros sobre la Historia de la Policía Española

Publicado por
E. Gancedo
León

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Como sus hijos estaban hartos de enterarse de las andanzas de su padre por terceras personas, Martín Turrado Vidal decidió volcar en un libro todos sus recuerdos, anécdotas y vivencias de juventud: el resultado es

, un volumen en el que, por un lado, se encuentran recogidas diversas costumbres antiguas del valle del Jamuz (Turrado nació en Quintana y Congosto) y, por otro, queda reflejada cómo era la vida de un estudiante en la capital leonesa de los años setenta.

Pero no quiso Martín Turrado escribir unas memorias al uso, dispuestas en orden lineal, cronológico, sino estructurarlas según los meses del Calendario Románico de la Real Colegiata de San Isidoro, unas pinturas que siempre le han fascinado. «Alrededor de las representaciones de esos meses he ido componiendo la primera parte de mis recuerdos», dice. «La segunda parte de los mismos -”continúa-” son lo que yo he llamado

, reflexiones más personales, más oscuras, si quieres. Son una metáfora de la atracción que suponen lo que llamamos -˜cantos de sirena-™, uno de los cuales, en mi caso, es la necesidad y el impulso de escribir».

La tercera parte de

tiene que ver con los personajes peculiares que Turrado ha tratado en su vida, sobre todo en el León de los años setenta, cuando era estudiante: desde un mecánico de coches de choque al popular mendigo conocido como «El rey de la lotería» o un capitán de La Virgen del Camino que, nada más terminar la Guerra Civil, dio la libertad a todos los prisioneros que había en los calabozos. ¿Valor? ¿Valentía? «Nada de eso, sólo que había agarrado la mayor borrachera de su vida y apenas sabía lo que hacía», aclara Turrado.

El caso es que, como no tenían nada para dar de cenar a los prisioneros (porque todo se lo habían comido y bebido él y la guardia), el capitán, iluminado por el vino, decidió soltarlos «y que cada uno cene lo que pille», según recuerda Martín. Y así, ante el pasmo de los soldados, cogió las llaves y fue celda por celda gritando: «¡Estáis libres, os podéis marchar a cenar, pero luego tenéis que volver!». «No le mandaron al paredón de pura casualidad -”informa el autor-”, pero le impusieron doce años de cárcel, de los que cumplió seis». Después pasó a deambular por un León en el que todo el mundo le conocía simplemente como «El Capitán», vendiendo chucherías y dedicándose a diversos menesteres. Recuerda Martín Turrado, además, que cuando murió este personaje, le enterraron con su verdadero nombre, y «fue entonces cuando realmente lo sumieron en el anonimato». Lo que nunca se perdonó fue haber abierto las puertas de las cárceles porque la mayoría de los prisioneros fueron perseguidos y tiroteados. También evoca el autor las andanzas de

, curioso mendigo muy popular por estar siempre metido en cuantas peleas y trifulcas tuvieran lugar en el Barrio Húmedo.

Pero además ofrece Turrado pensamientos sobre el río y sus orillas (lugares amenos, apacibles, conocidos, seguros), en contraste con el monte (para él, espacio oscuro, inseguro, imprevisible) y numerosas citas de sus hilarantes compadres de aventuras, como aquel que siempre estaba diciendo: «¡Qué buen clima tiene León, no lo hay más a propósito en todo el planeta para coger pulmonías!».

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