| Crónica | Él sí lo sabe |
«Por cierto, ¿hay Reino de León ahora?»
Arrabal se declaró fiel seguidor de las crónicas de ajedrez que lee en el Diario y sitúo a Ciudad Rodrigo correctamente en el mapa
p. r. | madrid
«¿Tiene usted un cuchillo? Es que me gustaría cortarle un trozo de pierna-¦». No, mire, hoy no llevo.
Estas dos líneas no son teatro del absurdo sino que es una parte real de la entrevista improvisada con un Fernando Arrabal emocionado por la obra presentada, y dispuesto tanto a la simpatía, que nunca a la empatía, como a la poesía y a los nombres raros. Y si se le pasa por la cabeza la palabra ajedrez, apaga y vámonos o escucha. Pero resulta ser siempre un gran personaje de la literatura, con amabilidad surrealista e impactantemente divertido.
«El Diario de León es importantísimo para mí porque en él leo las crónicas del Torneo de Ajedrez. Excelentes crónicas, yo las leo todos lo días. ¿Sabe? En León hay un torneo importantísimo. Yo, cuando sigo las partidas, no dejo que entre nadie en mi habitación. Usted tiene que decirles a los del torneo, si no lo han pensado ya ellos, que tienen que llevar el próximo año a dos grandes jugadores. Uno de 15 años, Fabiano Caruana, y una chica más joven aún, de 14 años, que es Hou Yifan».
Dijo también Arrabal que no se siente ni español ni francés ni mucho menos marroquí, y se saca de la manga y de la lengua que es de «destierrolandia», aunque cuando oye Ciudad Rodrigo rememora que fue allí el lugar en el que comenzó a descifrar el jeroglífico de la lectura o la matemática de la poesía. Con Ciudad Rodrigo, el personaje excesivo se humaniza de manera entrañable: «Que el teatro de Ciudad Rodrigo se llame Fernando Arrabal es muy importante para mí. Que los políticos de los dos bandos se pongan de acuerdo para declararme hijo también es importante. Así tengo patria chica. Y esto ocurre en León, porque Ciudad Rodrigo pertenece al Reino de León. Por cierto, ¿hay Reino de León ahora?», se cuestionó. Después de dejar perlas de este tipo y demostrar saber más de historia que muchos, Arrabal de lo que no opina es del teatro actual. «No vivo aquí. Me acuerdo del éxito que tuvo María Jesús Valdés», esquiva. Y el cuchillo era para afilar un lapicero de colores azul y rojo, que al enfant terrible se le había despuntado. Un periodista de Ávila se lo afiló.