Diario de León

| Entrevista | Jean René Aymes |CATEDRÁTICO EMÉRITO EN LA UNIVERSIDAD DE PARÍS

«Napoleón no admitió su derrota por España, la achacó al enemigo inglés»

Como continuación al ciclo sobre la Guerra de la Independencia abierto por Jean René Aymes, este miércoles se abre en el Museo de León la monumental exposición &laquo

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A. Gaitero
León

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En Francia ha pasado desapercibido el planteamiento «localista» de la Guerra de la Independencia en España, por el cual cada ciudad reclama haber sido la primera en levantarse contra el invasor, ya sea León, Astorga o Burgos. Aymes, catedrático emérito de Civilización Española de la Universidad de París, estuvo entre los expertos invitados por la Fundación Sierra-Pambley para participar en un ciclo que se cierra el martes con la conferencia del veterano Miguel Artola (a las 20.00), antesala de la gran exposición Ciudades en guerra que abre el miércoles el Museo de León.

-”¿Cómo se vivió la Guerra de la Independencia desde la Francia ilustrada?

-”Las visiones de la guerra en la prensa oficial francesa eran sistemáticamente favorables a la empresa española. Hubo una visión popular, más o menos clandestina, despectiva y condenatoria; hostil a la guerra.

-”¿Se justificaba con un proyecto de reformismo para España?

-”Dadas las dificultades de la empresa, casi no se habló de este proyecto y todo se redujo a acabar con la resistencia militar y popular. Se planteó como una empresa de conquista y aplastamiento de la resistencia. Se cometieron errores garrafales de estrategia política, como instalar en la orilla izquierda del Ebro administradores militares y retirar al rey José del control de este territorio. Creo que Napoleón pensó en una posible anexión de la orilla izquierda con Cataluña, Aragón y Navarra. Pero el mayor error fue el desconocimiento de la realidad de la resistencia, que tiene que ver con el fenómeno de las guerrillas. Al principio sólo se habló de bandoleros, contrabandistas y desharrapados evitando la conexión política.

-”¿Cómo vivió Napoleón la derrota de España?

-”En Santa Elena, su destierro final, habló poco de la guerra de España, como si fuera el asunto más desastroso y lamentable. Con un sentimiento de fracaso que atribuyó al enemigo inglés, para autodefenderse. En algún momento afirma «Yo hubiera reformado España... Con ellos, con los españoles, hubiera hecho una gran nación», llegó a decir dándoselas de salvador. Y dijo también: «A la energía inglesa se debe que no hayan caído España y Portugal». Nunca reconoció la derrota infligida por el ejército regular español y la guerrilla. La atribuyó a Wellington. Consideraba a España una nación arcaica y atrasada, Bailén no supuso para él una tragedia militar. Las bajas cuentan poco, pero lo cierto es que se destruyó de manera irreversible la imagen de ejército invencible y modélico. En algún momento reconoce el heroísmo de las guerrillas como cuando afirma «las guerrillas que me han combatido con tanta bizarría...», pero tratándolas de «pobrecitas».

-”Varias ciudades se disputan el primer puesto en el levantamiento contra las tropas napoleónicas. ¿Cómo se ve esto desde Francia?

-”Este planteamiento localista del conflicto ha pasado desapercibido en Francia, a excepción de los partes de guerra, que por cierto dan la impresión de que se van sucediendo de manera continua batallas prometedoras. Las derrotas no aparecen. Se produjo una desinformación escandalosa. París conoce las dificultades materiales que sufren los soldados. Fue un error pensar que las tropas iban a vivir sobre el terreno y no se previeron reservas alimenticias, vestuario, carros, hospitales móviles, servicio de tratamiento de enfermedades epidémicas y cura de heridas. Los sueldos llegaron con retraso o no se pagaron. Por el contrario, se imponen contribuciones extraordinarias, se permite el robo y el saqueo como ocurrió en León: por falta de alojamientos y tiendas de campaña, los soldados roban, desvalijan y maltratan; destruyen iglesias, actúan como ejército de ocupación. Napoleón culpa a los militares. Sabía que algunos practicaban el saqueo y el expolio. El mismo Schultz se llevó obras de arte de conventos en Andalucía.

-”¿Hubo más errores de estrategia aparte de los militares propiamente dichos?

-”El cierre de una tercera parte de los conventos fue una medida sumamente catastrófica, porque los monjes expulsados de los conventos se desparramaron por el territorio y se presentaron como víctimas de los franceses, ateos y volterianos ... Se dicen defensores de la patria amenazada, del rey amado (patria, rey y religión) frente a los reformadores, gente culta e ilustrada que hubiera encabezado un proceso de modernización en España.

-”¿Qué opina de las celebraciones del bicentenario?

-”Gracias a estas conmemoraciones se va a conocer mejor la realidad, muy compleja, de ese conflicto. Temía un resurgimiento del sentimiento de galofobia, en particular entre militares. Pero me equivoqué. Pero yo no debo opinar porque es algo interno de España. Puede que entre sectores de derechas motive un resurgimiento de un patriotismo reaccionario. No veo nada simétrico en los sectores de izquierdas y preveo que en próximos años asistamos a una controversia en torno a la valoración de la Constitución de Cádiz. Poner de relieve las iniciativas provinciales o locales como focos admirables de resistencia antinapoleónica está bien, pero hay que distinguir entre los españoles que estuvieron en territorios ocupados casi constantemente por los franceses durante años (como el País Vasco) y los que tuvieron una ocupación intermitente.

-”¿Qué novedades aporta su nuevo libro «La guerra de la Independencia: héroes, villanos y víctimas» (Milenio)?

-”Es un vistazo a la realidad humana del conflicto, dejando a un lado a los militares. De cómo el conflicto permite el advenimiento de individuos oportunistas, listos e inmorales. También analizo cómo se fabrica un héroe (el proceso de heroización, utilizando un neologismo). Los media de entonces a través de folletos, diarios, sermones, teatro, poesía y canciones... ascienden a la categoría de héroe y gente que hoy llamaríamos «famosos» salen del anonimato y llegan a ocupar la primera plana de un periódico: el cura Merino, que es famoso durante la guerra pero después cuenta poco. Por ejemplo, se tendió a ocultar la popularidad de algunos diputados absolutistas que debían haber sido premiados por Fernando VII cuando recupera el trono. En realidad no se beneficiaron porque Fernando VII castigó a liberales y afrancesados y en lugar de acudir a estos diputados absolutistas contó con el apoyo de arribistas que formaron su camarilla de aduladores.

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