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Un lucido manojo de zarzuelas...
La Compañía Lírica de Madrid cosechó el éxito con tres obras de Sorozábal

Una escena de «La del manojo de rosas», en el Auditorio
león
La lírica en León ha gozado siempre de una muy buena salud y la prueba de ello ha sido el lleno absoluto que cosechó una vez más el recién concluido miniciclo de tres zarzuelas dedicadas al maestro guipuzcoano Pablo Sorozábal. Tres títulos del más conocido repertorio como La del manojo de rosas, La tabernera del puerto y Katiuska, son tres zazruelas que atraen como la miel a las moscas, a cualquier aficionado al «género chico» y si todo ello se adoba con una compañía correcta y unos músicos en consonancia, entonces el éxito está asegurado como así fue.
Mientras otras compañías de menor «pelo» que nos han visitado repetían elenco protagonista, aquí las voces en los papeles principales se alternaron en las tres funciones. En La del manojo de rosas el rol de Ascensión lo cantó una soprano lírica como Rosa Ruíz de forma muy convincente, con un registro central sobrado y una zona alta brillante y sin agobios, La tabernera del puerto no tuvo en la lírico ligera Margarita Malbran a la Marola que se esperaba, y el molesto vibrado que la acompañó a lo largo de toda la obra sólo lo pudo disimular con una técnica excelente y grácil desenvoltura en el escenario. Katiuska fue la mejor de las tres zarzuelas de este miniciclo, ya que además de contar con unos vistosos decorados, mantuvo en todo momento un nivel vocal y escénico envidiables. Ana Mª Martínez fue una Katiuska convincente, que otorgó a su personaje el empaque y la dignidad necesarios para que todo el peso de la obra girara sin contratiempos en torno suyo. El príncipe Sergio, fue un tenor resuelto apoyado en una voz noble y poderosa, mientras que Arturo Pastor tuvo en Pedro Stakoff una recreación refinada y convincente. Con fiato sobrado y poderío en la emisión sus partichelas las fue resolviendo con elegancia y dominio. Gerdo Meré, (Espasa) es un actor de los que ya no quedan, actúo en las tres funciones y en todas y cada una cosechó los más encendidos aplausos por sus personajes de carácter, jocosos, desenvueltos, e inteligentes, un lujo para cualquier compañía. Olga (Mª José Molina) también triplicó actuación y en cada uno de sus pizpiretos papeles tuvo en su voz de lírico ligera y en su desenvoltura escénica las mejores bazas que ofrecer. Tal vez fue La del Manojo de Rosas la obra que necesitó un punto de vivacidad en los personajes como Antonio Torres (Joaquín), un barítono algo descontrolado en la emisión pero con buenas cualidades canoras, lo mismo que Ricardo (José A. Moreno) un tenor al que ya hemos escuchado en León en anteriores ocasiones en las que, como en esta estuvo soberbio, con emisión fácil permitiendo que su voz corriera sin dificultades por todos los rincones del Auditorio. Juan de Eguía en La tabernera, fue el poderoso barítono Jesús Lumbreras, que mantuvo el peso de todo el drama sin que ni su voz ni su porte acusaran altibajos destacables. Leandro (Gonzalo Terán) un tenor sin problemas en la zona alta lo mismo que Simpson (Javier Roldán) un bajo cantante de acusados acentos y resuelta dicción. Los coros magníficos, con empaste y vocalidad refinados. La orquesta, dirigida en las tres ocasiones por Félix San Mateo, mantuvo perfectamente el pulso con los cantantes y, salvo la ostentosa pifia del trompeta en el segundo acto del Manojo, el resto de las funciones estuvo correcta y atenta a las necesidades de los cantantes. Todo un éxito.