EL INVENTO DEL MALIGNO | JUAN JOSÉ ESPARZA
Digitales
UNA de las mejores obras del gran Jardiel Poncela es Cuatro corazones con freno y marcha atrás . Como todo el mundo debería saber, cuenta la historia de unos personajes que, sometidos a las experiencias de un tal doctor Bremón, ven cómo su edad queda paralizada y, aún peor, empiezan a descumplir años, hasta volver a la infancia. El miércoles el Gobierno nos obsequió con un ejemplo práctico de freno y marcha atrás. Primero, el Consejo de Ministros autorizó la TDT de pago, lo cual suponía, en la práctica, que los titulares de derechos de retransmisiones deportivas iban a poder rentabilizarlos mejor al convertirlos en objeto de pago previo (por supuesto, el que paga es el espectador) en el nuevo paisaje de la televisión digital terrestre. Textualmente: «A partir de hoy los operadores privados de televisión podrán solicitar la autorización para prestar el servicio de TDT de pago». En plata: el favor del año para Roures y Mediapro, es decir, el grupo mediático de cabecera del presidente del Gobierno, porque así ese grupo iba a poder sacar el máximo partido de sus cuantiosísimas inversiones en fútbol y Fórmula 1.
Quien peor parado salía era otro grupo mediático: Sogecable, o sea, Prisa -”también de la órbita del partido en el poder, pero hoy desplazado por Mediapro-”, porque perdía la única vía sólida de ingresos para Digital Plus, y eso significaba la puntilla para sus maltrechas cuentas. Una auténtica conmoción, en fin. Sin embargo, algo extraño ocurrió entonces.
Podemos imaginar el intenso cruce de llamadas, el tempestuoso tráfico de admoniciones y consejos. O quizá, tal vez, simplemente alguien se tomó el brebaje del doctor Bremón. El caso es que el mismo Gobierno que había autorizado dar vía libre a la TDT de pago, lanzaba algunas horas después un comunicado oficial en el que frenaba y daba marcha atrás. Textualmente: «Este anuncio no implica que el Gobierno haya autorizado la concesión de la TDT de pago, ya que la puesta en marcha de ésta y sus condiciones, requieren asimismo, y en todo caso, de un acuerdo del Consejo de Ministros».
O sea que volvemos a donde estábamos. ¿A donde estábamos? No, algo más atrás. Al siglo XIX, por ejemplo: oligarquía y caciquismo. Y tampoco se trata de corazones, aunque haya freno y marcha atrás, sino más bien de carteras, y no de cuatro, sino esencialmente de dos: Mediapro y Prisa. Digámoslo claro: tenemos el panorama audovisual español en manos de los que cortan el bacalao; lo que usted vaya a ver en la tele mañana (y lo que usted vaya a pagar) depende exclusivamente de los grupos de comunicación más próximos al Gobierno. Y esa influencia llega al extremo de hacer que un Gobierno decida, primero, y rectifique después. Democracia avanzada.