El espíritu
«Tuvo una vida tan corta que tan sólo fue un suspiro»
«La Barraca era algo vivo y murió; cumplió su parábola vital y tal vez no ha dejado recuerdo más que en los que en ella trabajaron; es muy posible que el mozo de Peñafiel que presenciara en el año 34 sus representaciones no recuerde que lo hizo, porque para que las cosas dejen huella hay que verlas una y otra vez, por lo menos treinta veces, y La Barraca , con todos sus logros maravillosos, tuvo una vida tan corta que fue un suspiro». Son palabras de Luis Sáenz de la Calzada, uno de los protagonistas del proyecto cultural animado por Federico García Lorca. Y es que el leonés no fue tan sólo el último representante del teatro universitario. A él se debe que hoy en día conozcamos los entresijos de La Barraca. La iniciativa surge hacia 1932 y lo integran jóvenes universitarios vinculados a la Residencia de Estudiantes y herederos del espíritu de la Institución Libre de Enseñanza. Iniciativa fue apoyada por Fernando de los Ríos, Ministro de Instrucción Pública en esos años, se convirtió en una de las iniciativas más productivas del espíritu krausista. El contexto socio-político del momento era propicio a esta actividad, y así junto a La Barraca surge también Misiones Pedagógicas.